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Cosmogonía

Al dejar vacío ese cascarón de carne, nervio y hueso al que hasta entonces llamaba “mi cuerpo”, mi esencia flota y se eleva ligera, liberada. Trepa y asciende, poseída por un impulso poderoso y desconocido. Deja abajo, muy abajo, los árboles, los edificios, las nubes. Y a medida que mi psique, mi alma, gana en altura, despierto de un letargo que comenzó en el preciso instante de mi gestación.

Irónicamente y desafiando toda lógica, me siento más vivo ahora que antes de morir.

Abro un par de ojos inmateriales y contemplo con ellos el manto de oscuridad que me envuelve y da cobijo. Es, en cierto modo, una sensación semejante a la de la comodidad del útero materno, pero de una magnitud indescriptiblemente superior. Las puntas de mis dedos espirituales se funden con el éter de las estrellas y sienten el ardiente latido de sus corazones de piedra incandescente. Mis inexistentes oídos me permiten apreciar el apabullante silencio del cosmos, que resulta más atronador que el estallido de una supernova. Saboreo con mi lengua astral la compañía de la dulce a la par que amarga soledad del Infinito en perpetua expansión. De un único y breve olfateo, capto el rastro del polvo estelar y de las colas de un millón de cuerpos celestes y cometas y la nostalgia se apodera de mí al reconocer a mis antiguos hermanos y hermanas y al recordar como surcábamos juntos el firmamento en nuestro afán por comprobar cuál de entre todos lograba alcanzar la ansiada velocidad de la luz…

Me permito un lapso de diez años de mi insondable vacío para descansar ante la agotadora revelación de la que soy testigo y para profundizar en el entendimiento de mi hasta entonces vacua existencia. Dedico una centuria en reflexionar acerca de los antecedentes y consecuencias de mi no-existencia. Mil años mortales más para llegar a inferir cómo algo tan insignificante y frágil como mi otrora falso cuerpo podía mantener mi espíritu encadenado y privado del conocimiento de su auténtica y extraordinaria naturaleza. Tras diez mil años vagando sin rumbo por el espacio, me embarco en un proyecto de ingeniería colosal: la reconstrucción de mi cuerpo primigenio. Mis hermanos y hermanas acuden en mi ayuda y contribuyen al proceso, danzando alrededor de mi débil órbita vital y creando un torrente de energía que me es insuflada gota a gota a costa de la suya propia. Asisto impotente a su debilitamiento a lo largo del agotador proceso: pierden luz, enferman, se apagan, mueren. Absorbo sus fríos y yermos cadáveres al tiempo que vierto lágrimas que forman nebulosas en tributo a su fraternal sacrificio.

Conforme su poder mengua, el mío aumenta y comienzo a percibir la última Verdad que aún escapa a mi alcance. Al principio sólo dispongo de un breve bagaje de conceptos, pero poco a poco voy hilvanándolos con dedicación para que el rompecabezas encaje y tome la apariencia de una intrincada y elaborada constelación de hipótesis y fórmulas para hallar la respuesta a qué soy. A quién soy. Y de pronto, tras eones de ignorancia, de estertor, de la sed más inenarrable… La última frontera, la Verdad absoluta, se descubre ante mí y me ilumina con su saber:

Soy Uno con el Cosmos.

Soy Uno con el Universo.

Soy Uno y soy…Todo.

 

Mi cuerpo restaurado y mi psique imperecedera se vinculan de modo inseparable, libres de la amenaza de las inclemencias de la existencia y de la no-existencia. No hay límites: Yo soy el límite.

Inhalo polvo estelar antes de liberar el rugido que anuncia mi despertar absoluto: un rugido que desintegra lunas, borra galaxias y que hace estremecer al Universo que me ha visto nacer, morir y renacer de nuevo.

Porque,-inquiero al cosmos mientras mi voz hace eco por y para toda la eternidad-¿Cuántos pueden jactarse de haber renacido bajo la forma de un Dios…? 

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THE SONG OF THE DAY: I Belong To You / Mon Cœur S’ouvre À Ta Voix – Muse

La mayor lección que recibí hace un par de años cuando comencé a escuchar a conciencia a Muse fue que para juzgar algo con propiedad más te vale dedicarle antes una oportunidad. Yo era de los que tan sólo se habían molestado en escuchar sus mayores hits, sin atender al resto de su producción, pero con el debut de The 2nd Law, su último disco, decidí que era buen momento para empaparme con la discografía del trío británico y así poder generarme una impresión fiable y objetiva de su música. Y quedé sorprendido, porque dentro de que las composiciones del carismático Matt Bellamy guardan entre sí un estilo cautivador y que derrocha personalidad por los cuatro costados, las pocas canciones que había escuchado hasta el momento de Muse me sonaban siempre iguales, poco variadas, cansinas y redundantes hasta que logré “educar” mi oído a la fórmula musera. Y, oye, de pronto entendí de golpe porque ese éxito, por qué Muse calaba en todo tipo de público. Hay que reconocer que son a día de hoy uno de los grupos más magnéticos que existen dentro de la industria musical si bien me permito dudar acerca de que algún día vuelvan a rayar la perfección como hicieron con ese magistral Origin of Symmetry parido en 2001 y del que aún sigo siendo objeto de embrujo.

 

I Belong To You/Mon Coeur S’ouvre À Ta Voix, forma parte de The Resistance, el disco con tintes más poperos y el más puteado por la base de fans (en mi opinión, esto último de forma inmerecida) y es una de las canciones más optimistas y buenrrolleras que tiene el grupo. Los juguetones acordes de piano me hacen sonreír casi al instante cuando se unen los diversos elementos de la batería de Dominic Howard y el delay del bajo de Chris Wolstenholme. Y jodido Bellamy, qué voz, qué uso del falsetto, ojalá algún día pueda escuchar en directo el poderío vocal de este sobresaliente y joven músico que tantísimo bebe de la influencia de mi intocable Jeff Buckley, de quien os hablaré próximamente.

 

Con el golpe del gong, los coros se apagan sólo para dar paso a la breve e íntima sonata de piano de Bellamy, quien simultáneamente nos habla del amor cantándonos en perfecto francés. Las cuerdas se unen potenciando la expresión del sentimiento y ya está, lo han conseguido: la puta piel de gallina. Y cuando parece que la canción ya no puede ascender más y que se va a desinflar, el riff principal resurge de sus cenizas como un Fénix bajo la forma del discreto pero intenso solo del clarinete bajo. No he estado en Francia, menos aún en su capital, París, pero cuando escucho esta canción y cierro los ojos juraría que estoy paseando por una de sus transitadas calles en medio de un soleado día libre de nubarrones. Supongo que hoy me siento así: franchute y eufórico. Aprovecharé pues el colocón de endorfinas.

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Hasta que la música nos separe

Nuestra sinfonía comenzará con estruendo, con un Fortissimo de esos de los que cortan la respiración con demasiada violencia, de los que hacen que la sección de cuerda despeine las cerdas de sus arcos y de los que derriten los instrumentos de viento-metal. Y ante tamaño espectáculo, el director de orquesta sonreirá sin proponérselo, al contemplar los escalofríos de los que será víctima muda el público, que acudió a escuchar uno de tantos conciertos anodinos y no la magnum opus de un compositor que nunca llegó a existir siquiera. Y los músicos atacarán con la obertura, la cual, por mucho que se busque, no se encuentra escrita en ningún papel de pentagrama. Y el oboe se desmarcará de la orquesta con su improvisado solo, del que robará notas prohibidas a Apolo y a Orfeo, para enamorar al atónito auditorio con el mismo hechizo de sirena que casi hizo naufragar a Ulises…

 

Al menos, hasta que la música nos separe.

 

Y apuraremos el Whiskey no sin que el hielo tintinee, envidioso de nosotros, y emprenderemos el camino a casa, agarrados del hombro y la cintura. Y en mitad de la negra calle, nos urgirá bailar un vals que sólo nuestros labios conocen. Y cerraremos los ojos, durante lo que parecerá una eternidad. Y los mantendremos así, muy cerrados y no nos atreveremos a abrirlos…

 

Hasta que la música nos separe.

 

Y abriremos la puerta y nos dejaremos caer en el colchón, con la camisa a medio desabotonar, con la falda por los tobillos, con el pelo como las cerdas de los violines del recital, con la mirada tan licuada como el metal mágico con el que se forjan las flautas traveseras. Y nos desharemos de todo: del dolor, del sufrimiento, de la soledad, del pesar, de la pérdida, del fracaso, del abandono, de las dudas… De todo menos de los calcetines y de su tacto de seda y de las ganas de amarnos como si fuese la última vez. Entrelazaremos nuestras falanges y haremos magia al dotar a cada una de nuestras manos de diez dedos. Y del pulgar al meñique, cada uno tendrá a su pareja perfecta, y no habrá necesidad de volver al desigual, solitario y excluyente número cinco…

 

Hasta que la música nos separe.

 

Y bailaremos de nuevo, pero esta vez con todo el cuerpo. La impaciencia y el apetito nos hará saltarnos el tempo y el compás y nos dará igual que nuestro dúo sea en clave de Sol o en clave de Fa. Nos fundiremos en un abrazo y acariciaremos nuestras espaldas con la minuciosidad con la que se enhebra una aguja, para poco después apuñalarnos con las uñas cada vez más y más profundo, como si quisiésemos excavar hasta el corazón para una vez allí, marcarlo de forma indeleble. Nos morderemos el cuello y nos sentiremos como el oboísta con su solo al arrancar dulces y apasionadas notas de lo más profundo de nuestras gargantas. Y cuando hayamos explorado y conquistado cada rincón de nuestro fatigado cuerpo y cuando el sudor nos arrope, nos miraremos a los ojos, tratando de consolidar la imagen en lo más profundo de nuestra memoria, donde nada ni nadie pueda arrebatárnosla. Y nos entregaremos al sueño esbozando la sonrisa de quien ya no teme nada, de quien ha vivido lo suficiente como para saber que puede decir sin temor a equivocarse que es plenamente feliz en el aquí y ahora. Algo que todos los enamorados sin excepción decimos…

 

Hasta que la música nos separa, porque a la mañana siguiente, con las primeras luces del alba y con el canto de las aves, despertaré buscando a tientas tu cuerpo desnudo, que de pronto se me antojará terriblemente lejano y distante. Y sólo cuando abra los ojos y mire en derredor entenderé demasiado tarde que te has ido para siempre. Y sentiré dolor, sufrimiento, soledad, pesar, pérdida, fracaso, abandono, dudas… Todo aquello de lo que me liberaste regresa vengativo para atenazar mi alma con cadenas de ardiente hierro. Y caeré de rodillas, esclavizado. Y lloraré, desolado. Y gritaré para que la afonía sentencie mi locura. Y durante lo que se extiende una fusa, parecerá que todo se calma, que todo transcurre. Pero al extinguirse, evocaré la imagen de tu recuerdo, el recuerdo de tu mirada, la mirada de tu engaño, el engaño de tu falso amor. 

Y su profunda huella no desaparecerá de mi alma…

 

 

Hasta que tu música nos separe.

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THE SONG OF THE DAY: The River North – The Dear Hunter

The Dear Hunter es mi último gran descubrimiento en el ámbito musical desde hace unas semanas, y si me pidieseis que os dijese que tienen de especial no sabría daros una única respuesta. 

Por un lado, no suenan como nada que haya escuchado antes y eso ya es digno de elogio en el panorama actual. Vale, tienen un innegable espíritu de rock progresivo, pero clasificarlos bajo esa categoría sería quedarse francamente corto, porque sus temas abordan sin despeinarse géneros como el jazz, el hard rock, la música clásica, el experimental rock, el pop… Todo eso en una misma canción mezclado que da gusto y con una producción y frescura impecables. Tampoco puedo dejarme en el tintero destacar la fantástica instrumentación de la que hace gala cada album de su discografía: se atreven con cualquier instrumento, factor que hace aún más fresco y atractivo su ya de por sí su genuino estilo compositivo, que se asemeja al de la banda sonora de una película de cine. Y he reservado lo mejor para el final, porque el líder y auténtico motor del grupo, Casey Crescenzo, tiene una voz de oro de 14 kilates. En serio, no sé cómo lo hace, pero qué registro y potencia tiene, qué coros hace el puñetero y creedme cuando os digo que poco me estoy deshaciendo en elogios. De hecho, comienzo a pensar que me he enamorado de él sin remisión y eso que el tío es físicamente clavado a Sammwell Tarly (para los de la LOGSE: el gordo seboso inútil y llorica amigo de Jon Nieve en Canción de Hielo y Fuego).

 

Dicho esto, ¿por qué es The River North la canción del día? Supongo que porque hoy ha sido un día tranquilo y muy breve, como la sonata de piano que estáis escuchando en estos instantes. Su sencilla pero delicada partitura relajan mis sentidos especialmente en esta noche, que es la primera que paso en mi chalé en lo que va de Verano.

Aparte de las notas del desgastado piano, el ruido blanco de fondo, que imita al de un tocadiscos reproduciendo un vinilo, parece enviarnos atrás en el tiempo a finales del siglo XX, precisamente a la fecha en la que se desarrolla la historia de Act I: The Lake South, The River North, el primer disco de The Dear Hunter y de la que The River North es precisamente su epílogo. Pero tranquilos, que escucharla no os hará ningún spoiler, palabrita.

Por si la curiosidad os puede, la imagen que se me vino a la cabeza la primera vez que escuché The River North antes de conocer la historia de la que versa, es la de una señora caminando sin rumbo fijo por el salón de su antigua mansión. Avanza despacio, sumida en sus pensamientos y recuerdos, hasta que de pronto sus arrugadas manos toman una fotografía de la repisa del mueble de ébano. Se trata de la fotografía de su marido ataviado con su uniforme militar: el mismo con el que fue enterrado después de esa guerra tan larga y costosa de la que tantos fueron víctimas.

Entre ellos, él como soldado y ella como esposa.

 

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15 canciones sin las que no concibo el Verano

¿Qué, ya os creíais que me había pasado algo? Pues no, que no panda el cúnico, tan sólo es que estos días ando tremendamente ajetreado, pero de salud como una manzana, de verdad. Lo sé, lo sé, en pleno Julio y la uni aún no me deja disfrutar del Veranito: injusticia es decir poco…

Oye, y digo yo que, ya que estamos hablando de Verano, sería bueno ir metiéndonos en situación y honrar a la temporada estival compartiendo con vosotros algunas de las canciones que mejor plasman para mi la esencia de la presente estación. Así os descubro nueva musiquita y yo aprovecho para dejarme los dientes aún más largos soñando con cielos despejados, agua, arena y chicas despampanantes bañándose plácidamente en el mar hasta que una ola va y les arranca la parte delantera del bikcasi que mejor paro porque se me cae la baba de sólo imaginar el espectáculo.

En fin, lo dicho: ¡Comenzamos con canciones made in Summer! ¡Preparaos porque a lo mejor hay alguna sorpresa inesperada!

1. D’yer Maker – Led Zeppelin

http://www.youtube.com/watch?v=UWxdGJR_foY

El característico redoble del señor Bonham da rienda suelta a la primera de la lista, una canción que transporta sin remisión a una tropical playa gracias al característico riff de guitarra de Jimmy Page. Al poco se incorpora la siempre sensual voz de Robert Plant, enfatizando más si cabe el caluroso clima que desprende la canción del (probablemente) mejor grupo de la historia del rock n’ roll. 

¿Qué puedo decir de D’yer Maker? Pues que sencillamente me es imposible dejar pasar un Junio, Julio y Agosto sin escucharla día sí y día también. Eso sí: ni se os ocurra escuchar esta canción en Invierno porque os puedo asegurar que os dolerá en lo más profundo de vuestra alma durante muuchos meses.

 

2. Can’t Take My Eyes Off You – Muse

http://www.youtube.com/watch?v=BrBNfXIBqu4

Muse no suele decepcionar con sus covers (más os vale conocer su Feeling Good, que si no os suelto una galleta ¬¬) y desde luego supo abordar este clasicazo de finales de los 60 de una forma exquisita, siendo fiel a la versión original al tiempo que deja constancia del sello propio del trío británico en cada nota ejecutada. 

El desmadre y locura propios del Verano quedan reflejados a la perfección en ese intenso estribillo, repleto de optimismo. ¿Alguien se enrolla y me trae un tinto fresquito? ^u^´´

 

3. Octopus’s Garden – The Beatles

http://www.youtube.com/watch?v=CUFcfXgW_dQ

Ay Ringo: todos te odian menos yo.

Vale que siempre ha sido el Beatle menos talentoso, tampoco vamos a negarlo, pero todo lo referente al haterismo (para los de la LOGSE: que le tienen mucha manía al pobrecico mío) hacia Starr siempre me ha parecido pelín exagerado. Quizás soy yo el contaminado, ya que como batería, soy plenamente consciente de la repercusión que tuvo el melenudo en el instrumento, pero si hay que reconocer, más allá del debate, que Octopus’s Garden es de lejos su mejor composición (si bien eso tampoco es un consuelo…) y maldita sea, no la canta tan mal el muchacho… 

Yo no sé qué tiene esta canción (¿será el efecto de burbujas?), pero a mí siempre me recuerda a “Bajo del mar” de La Sirenita,  y eso sólo puede ser un punto a favor. Ojito a los solos de guitarra, especialmente al que desemboca en el outro. Si esta canción no os mola, confío en que la próxima lata de birra que abráis os empape de espuma como castigo y todos vuestros amigos se burlen de vosotros. Y que os pinchen. Con un tenedor. En el ojo.

 

4. Viva La Vida – Coldplay

http://www.youtube.com/watch?v=oncmL69ZEJ8

Tranquilos, no se me ha ido la perola. Sí, sí, Viva La Vida, la de Coldplay, sí, hasta yo de tanto en tanto escucho musiquita normal, así que relajad la raja, que me he tomado la medicación a mi hora.

Contra todo pronóstico esta canción siempre me ha gustado un montón: la atmósfera, la voz, la melodía, las sección de cuerdas… Supongo que la cuestión es que me sobrecoge, no sé muy bien por qué. Y la letra… Me parece la leche de épica xD. ¿Y esta canción te recuerda al Verano, me preguntaréis? Pues la cosa es que sí, me recuerda concretamente a los últimos Veranos en mi colegio y me trae tela de buenos recuerdos. Así que, siendo justos, no puedo decir que sea una canción representativa del Verano, pero sí una muy importante de mis pasados Veranos de juventud. Y ya paro que me hago la picha un lío. ¡Os avisé de que habría sorpresas en la lista!

 

5. San Tropez – Pink Floyd

http://www.youtube.com/watch?v=FwITUMl5UKw

Las estrellas titilan en el cielo nocturno y las observo a medida que me balanceo en la hamaca, al lado de la piscina. Esto es vida, pienso… Y joder, ya lo creo que lo es.

San Tropez es una de las canciones más atípicas y desconocidas de Pink Floyd, una mosca blanca en su extensa discografía, pero cuánta magia se cuece en sus poco más de 3 minutos y medio… El piano, la batería, la guitarra, y el bajo y voz de Roger Waters nos llevan de la mano a una noche de Verano de tantas, de las de no tener ninguna obligación: hoy puedes trasnochar y mañana levantarte a las mil y así día, tras día, tras día… Adoro el groove de esta canción: tiene un punto muy coqueto y cautivador. 

PD: Decidme que el 1:18 no suena IGUAL que la canción del final de los capítulos de Bob Esponja xDDDDDDDD

 

6. Santeria – Sublime

http://www.youtube.com/watch?v=LTCyZvb2Uzw

Santeria es una canción que descubrí gracias al Guitar Hero III (con diferencia el mejor de la saga) y que rápidamente se hizo un huequecito en mi corazón gracias a su pegadizo estribillo. Es una canción que no es nada del otro mundo, correcto, pero me trae muchos recuerdos de Veranos enteros viciado hasta altas horas de la madrugada en compañía de la Gibson de plástico y las teclas verde, roja, amarilla, azul y naranja. Llegué a ser bueno y todo… Aish, daría lo que fuese por poder volver atrás en el tiempo y revivir una de esas noches, pero mejor paro que me estoy poniendo nostálgico y tontorrón. ~ u ~

 

7. Pretty Fly (for a white guy) – The Offspring

http://www.youtube.com/watch?v=sZQ3FiKf09M

Estos mamoncetes no podían faltar en mi lista veraniega. Siempre me han flipado la batería de Atom Willard y la peculiar voz de Dexter Holland y aunque no he escuchado a The Offspring tanto como me gustaría, me parece un grupo accesible y agradable de escuchar, de los que te cargan las pilas hasta en tu peor día de resaca. 

Su intro es digno de leyenda: el uso del cowbell, la potencia del bajo y ese descarado riff de guitarra la convierten en una de las imprescindibles en toda fiesta playera o piscinera. Dan ganas de cargárselo todo con esta canción de fondo, de tirarte en plancha al agua, de saltar una hoguera, de matarte el hígado a chupitos, de… DE IRSE DE FIESTA COÑO, DE IRSE DE FIESTA, QUE ESO ES LO QUE YO QUIERO YA. 

 

8. Down by the Seaside – Led Zeppelin

http://www.youtube.com/watch?v=atuU12Ye9F8

Ya sé qué me vais a decir que meter 2 de Led Zeppelin en la misma lista es jugar sucio, pero es que mientras que D’yer Maker es veraniega de forma digamos “accidental”, Down by the Seaside fue compuesta con la intención de evocar la playa y el mar. Ese efecto de guitarra, unido al soberbio juego del piano eléctrico de John Paul Jones ilustran un apacible y paradisíaco escenario, que se endurece en torno a la mitad del tema con un ritmo y tonalidad mucho más rockeros y agresivos… Para luego volver al tema principal de forma casi imperceptible, con un dominio compositivo e interpretativo sólo al alcance de bandas del calibre de Led Zeppelin.

¿No os dan ganas de dar un paseo por la orilla con los pies descalzos…? 

 

9. Breaking All Illusions – Dream Theater

http://www.youtube.com/watch?v=p7Wm3fmoPMU

Me sorprende que la primera vez que aludo a mi grupo favorito de todos los tiempos en el blog sea para una lista de canciones veraniegas, pero no os preocupéis, que “gracias” a The Song Of The Day vais a tener a Dream Theater hasta en la sopa de ahora en adelante. Pero al grano:

Si después de escuchar los casi 13 minutos de orgasmo musical que es ofrece esta canción os preguntáis qué puñetas tiene Breaking All Illusions que me recuerda al Verano os responderé que… Todo.

Para mí, A Dramatic Turn of Events fue el disco del Verano de 2011 y aún recuerdo como si fuera ayer la expectación por escuchar el 11º disco de Dream Theater. La que escucháis no sólo es la mejor canción del disco, también la considero la más excelsa canción que ha compuesto la virtuosa banda en varios años. Por si fuera poco, fue la canción que estaba escuchando en uno de los días más memorables y especiales de toda mi vida y del mismo modo está asociada a una de las personas más memorables y especiales que he conocido nunca. Pero eso es, como suele decirse, otra historia.

Es una canción tan larga, buena y llena de significado que no me cabe duda de que ya tendrá su propia entrada en un futuro no muy distante. Acordaos de mis palabras.

 

10. Jamming – Bob Marley

http://www.youtube.com/watch?v=_qRN8HoZtbo

¿Era evidente, verdad? Bob Marley es una de mis asignaturas troncales pendientes en el mundo de la música, pero no haber incluído Jamming aquí habría sido poco menos que un sacrilegio y en estos momentos ahora mismo yo estaría ardiendo en una hoguera, pagando por mi herejía. 

Conocida mundialmente por su magnética melodía, Jamming es un himno al movimiento rastafari, una de las canciones estandarte del reggae, la canción por antonomasia si te estás fumando unos petas y sí: una oda al Verano. 

Irte a la playa con tus colegas, sacar los mojitos, abrir una sandía y colocarte a muerte con… Con la canción, claro, claro. A eso le llamo yo “improvisarse” un plan veraniego por todo lo alto.

 

11. Till there was You – The Beatles

http://www.youtube.com/watch?v=NRkkmvfGTos

Por si os habíais quedado con más ganas de los escarabajos, he aquí una de las canciones más soleras y caribeñas que he escuchado nunca. Dios, es que es escucharla y sentir como tu piel se va bronceando a medida que tu garganta se reseca, situación en la que se te escapa un: “Ojalá hubiese un kiosko por aquí para comprarme un Frigopie…”. O unos Fantasmikos. O un calipo. O la picha del Yeti, qué se yo, no me voy a poner a juzgar qué os metéis en la boca…

Y si ya atendemos a su letra, todos nos veremos reflejados en uno de esos rolletes de Verano tan clásicos de la adolescencia. Sí, sí, esos de los primeros besos, las primeras caricias prohibidas y los vuelcos de corazón con cada cruce de miradas. Ah, juventud, divino tesoro…

 

12. I Gotta Feeling – The Black Eyed Peas

http://www.youtube.com/watch?v=uSD4vsh1zDA

A mi no me la coláis: esta sí que no os la esperabais xD

De las canciones así rollo boom comercial del Verano, I Gotta Feeling siempre me ha parecido de las mejores, y hasta un pato mareao como yo TIENE que bailarla si suena en la discoteca, qué le voy a hacer, no puedo remediarlo. Te contagia un buen rollo increíble, te hace creer que de verdad es LA NOCHE y que no hay nada imposible. Al igual que Viva La Vida, me transmite una buena dosis de nostalgia y felicidad al mismo tiempo y es la canción por la que siempre voy a tener grabada a fuego mi Graduación de 2º de Bachillerato, de la que guardo un recuerdo protagonizado por grandes contrastes. No ha llovido ni ná desde entonces…

 

13. Get Lucky – Daft Punk

http://www.youtube.com/watch?v=5NV6Rdv1a3I

Esta estaba cantada.

Get Lucky lleva muy poco tiempo vivido (apenas 1 año y 2 meses), pero se ha ganado a pulso formar parte de esta lista. ¿Que la han trillado a tope? Sí. ¿Que su estribillo se repite más que un plato de hígado encebollado? Pues también, vale, pero entre nosotros, hay pocas canciones más fiesteras y veraniegas como la compuesta por el dúo de cyborgs franceses. 

Ahora me resulta curioso, pero a pesar de contar con un potente factor catchy y de estar imbuida de la fórmula “no te la vas a quitar de la cabeza ni a patadas”, al principio tuve intensas reservas con el single de Daft Punk. Afortunadamente, al final sólo pude rendirme ante la evidencia de que estaba ante un temazo y finalmente vi la luz. La de la bola de espejos, quiero decir, porque con esta me pasa al igual que con I Gotta Feeling: como escuche la primera nota, se me va la flapins y lo que pierdo en vergüenza lo gano en motivación en la pista de baile.

Pero discotecas a un lado, donde realmente se tiene que disfrutar Get Lucky es en una moraga en la hora del crepúsculo con el Sol hundiéndose en el mar y tiñéndolo todo de carmesí. Que viva el género funky y la música disco, señores. Y no lo olvidéis: a pillar suerte.

 

14. Island in the Sun – Weezer

http://www.youtube.com/watch?v=NnAy_ba-3Pg

Pero si hay una canción que para el menda es el epítome absoluto, la esencia cristalizada del Verano… Esa es Island in the Sun. Y mira que la canción es tonta con avaricia, pero la condenada conquista como pocas. Nunca falla en dibujarme una sonrisa, especialmente si estoy flotando sobre una colchoneta en la piscina mientras combato el calor con una birrita en la mano. Y luego dirán que en Verano se suda, que es un asco, que bla, bla bla… El Verano es la polla en conservas y punto. 

Pero mejor me dejo de tanta palabrería, porque cuando sobran las palabras, sobran las palabras: que Island in the Sun os cuente de tú a tú por qué es mi representación ideal de las vacaciones de Verano.

 

15. Youkoso! Hitori Bocchi – Pearl Kyoudai

http://www.youtube.com/watch?v=Dvv0EUpH3ZA

La cultura otaku (friki para los no familiarizados con el término) disfruta actualmente de una era de prosperidad y relativa tranquilidad. Atrás quedaron los tiempos en los que te insultaban y se metían contigo por ver anime y leer mangas. Ahora ser otaku es considerado “casi normal”. Algo es algo, supongo. 

Esta introducción a la última canción de la lista pretende invitaros a escuchar esta canción dejando a un lado vuestros prejuicios por el idioma (japonés, sí, japonés) en el que está cantada. Para hacer menos desagradable la experiencia me he molestado en buscar un enlace con subtítulos en español. Igual hasta os mola la letra cuando la leáis.

Después de 14 canciones de felicidad, playa y solano everywhere, ¿Por qué una canción tan putamente deprimente para acabar con la lista? Pues porque esta es la canción que escucho todos los Veranos cuando tocan a su fin. Es casi un ritual, un duelo, un luto personal. Puede sonar (y ser) tremendamente masoquista, pero es mi forma de darle su merecido y sentido adiós a 3 meses que siempre dejan anécdotas que contar y experiencias que atesorar.

Espero que disfrutéis de las canciones, queridos lectores, pero especialmente del Verano, porque sea como sea, estoy seguro que os habéis ganado un merecido descanso después de un año tan duro como el que está siendo así que ya sabéis lo que dice el maestro Sabina: que el fin del mundo te pille bailando.

Pero yo soy más de que me pille en la playa viendo como las olas revuelcan a las guiris. Llamadme loco. O pervertido.

 

 

 

 

 

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First Breath After Coma

Clickéame antes de leer!

Un “bip” robótico te arranca de los brazos de Morfeo inesperadamente. Tu consciencia retorna en intervalos de ondas, insuflándote vida por primera vez en no sabrías decir cuántos días… O años. El instinto te lleva a abrir los ojos en lo que resulta a todos los efectos un gesto fútil: por mucho que lo intentas, no recuerdas en qué momento tus párpados se volvieron pesados como planchas de acero. Abatido, emites lo que suena como la última exhalación de la bestia que sabe que está a merced de su implacable depredador.

Entre tanto, el “bip” se ha estabilizado, o eso te parece que captan tus oídos acolchados. Con mayor éxito, logras pasarte la lengua por los labios agrietados, secos, marchitos, y te sorprende que tus papilas gustativas aún los reconozcan como tuyos.
Te obligas a esforzarte nuevamente, y esta vez sí, un fogonazo de luz te deslumbra poco antes de encontrarte tumbado en la cama de una habitación blanca como la nieve.

Sólo entonces, un dolor sordo parece llamarte en mitad del silencio reinante: un dolor fantasma que te recuerda que la peor parte se la llevó el brazo derecho. Diriges la vista y, bajo un entramado de vendas, distingues la forma de lo que queda de él. La náusea y el mareo te zarandean con ímpetu y casi caes presa del desmayo, y, sin embargo, no sabes cómo pero te haces con el control y recuperas la compostura.
Con sumo cuidado, pruebas a moverlo, pero no obtienes más que un dolor lacerante que te recorre por todo el cuerpo, provocando que tus jadeos cubran la mascarilla con el vaho de tu hálito. Cuando te detienes para recobrar fuerzas, lo único que puedes hacer es contemplar impotente tu extremidad amputada. Las lágrimas caen a medida que sollozas en silencio, para evitar que las convulsiones reabran las heridas. Pero te resulta imposible.

¿Para esto has despertado…? ¿Para agonizar sufriendo…? Te debates entre la vida y la muerte, entre dos ríos cuyas corrientes compiten por comprobar cuál te arrastrará antes y piensas entonces en que la vida ya te ha tenido en su seno durante demasiados años y en lo tentador que sería dejarse llevar para no volver jamás.

Inmerso en tus pensamientos, no has reparado aún en la vía que yace incrustada en tu otro brazo y renace en ti la misma determinación que te ha llevado a esa sala, a esa cama, a ese estado. Luchas por erguirte, y un terror aún superior te invade cuando percibes que tu cuerpo se niega a obedecer de cintura para abajo. Decides no mirar qué se oculta bajo la sábana sabiendo que no soportarás el trauma.
Agitas tu brazo sano, que responde mejor de lo esperado, y lo aproximas hacia tu cara. Tus dedos no responden todavía, pero te deshaces de la mascarilla y a continuación muerdes la vía dispuesto a llevar a cabo tu última voluntad.

 

… Y tiras.

Y el suero gotea por toda la cama. Y tu propia sangre mana a borbotones, maquillando tu rostro de carmesí. Te azota el dolor, pero también el placer de haber sido dueño de elegir tu final. El “bip” aumenta en volumen y cadencia. Escuchas el traqueteo del carro del quirófano aproximándose a tu habitación. Contemplas con una roja sonrisa la cara estupefacta de las enfermeras: están aún más asustadas que tú. Se quedan absolutamente paralizadas cuando escupes la vía contra el suelo en ademán desafiante.
<<Que os jodan: esta es mi vida y es mi muerte. No me vais a arrebatar lo único que es mío por derecho.>>

Y entonces… empiezas a adormecerte de forma prácticamente instantánea y a no sentir nada, salvo la caricia de una gélida brisa envolviéndote como un sudario. Entre los gritos del personal sanitario, Morfeo te tiende la mano con delicadeza. <<Agárrame bien fuerte esta vez y no permitas que me vaya.>>- le susurras. Y por un instante jurarías que los ojos del dios se apiadan de tu egoísta súplica. Pero quién sabe si no ha sido más que parte de tu delirio.

Y de pronto no pesas: eres liviano, incorpóreo, eres… No: ya no eres.

<<Es curioso.-logras verbalizar en el interior de tu cerebro a medida que este muere-Ningún otro acto exige tanto valor como el de rendirse por completo a la vida.>>

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Vídeo

THE SONG OF THE DAY: Happiness is a Warm Gun – The Beatles

No hay nadie que no conozca a The (que no Los) Beatles. Por incontables factores son el grupo por antonomasia de la música contemporánea con canciones como Yesterday, Twist and Shout, Here comes the Sun, Love me do… Resulta innegable que son unos dioses.

¿Pero eso es todo? ¿Son esos hits musicales una muestra significativa del sonido de The Beatles? Fue esa pregunta la que, hace ya unos años, me motivó a escuchar de principio a fin toda la discografía del aclamado cuarteto británico. Y mereció muchísimo la pena, no sólo por disfrutar de la enorme calidad de su obra, sino porque me hizo darme cuenta (como en TANTOS otros casos) de la poquísima gente que de verdad conoce la música de The Beatles. Y no dejo de pensar en que, como artista, debe ser realmente frustrante pasar a la historia por 4 o 5 canciones (ojo, no me malinterpretéis, soberbias todas las que he mencionado antes) cuando el resto de tu producción se las lleva de calle de forma tan abismal.

No puedo decir que Happiness is a Warm Gun sea una rareza beatlelística, teniendo en cuenta que lejos de sus orígenes poperos y comerciales, The Beatles fue un grupo que experimentó mucho y muy seguido a lo largo de su carrera (como bien lo atestiguan sus composiciones más psicodélicas y revolucionarias) pero a la vez, Happiness is a Warm Gun dista mucho de ser una canción que yo tildaría como “convencional”.

Lennon nos deleita con un verso inicial memorable y único que capta nuestra atención sin remedio: She’s not a girl who misses much… Y Harrison toca esos arpegios blueseros tan oportunos que contribuyen a que la canción, que no lleva ni 10 segundos, ya nos haya conquistado con un intro que derrocha creatividad, atrevimiento y que sólo puedo describir como visionario. Les recuerdo que esto se compuso en 1968, señores y señoras: ya me gustaría a mi componer algo que sonase así de revolucionario 46 años después… 

Se unen la batería y el bajo y un breve pero sensual solo de guitarra colman nuestros oídos. Qué calidad de producción, madre mía. Y, oh, sorpresa: cambios de ritmo, especialmente apreciables en la batería de Ringo. Happiness is a Warm Gun es una de las pocas canciones de The Beatles con presencia de polirritmias y quizás por eso me gusta tanto esta canción, ahora que lo pienso, como músico a las baquetas que soy. 

El pegadizo estribillo cantado por un Lennon desatado a nivel vocal, los coros de McCartney y Harrison, la fantástica letra del tema… Y ESE agudo tras el silencio. Y acaba como tiene que ser: abruptamente, dejándote con ganas de más. Porque le vas a volver a dar al play, eso está clarísimo. Es una canción que en menos de 3 minutos comunica tanto, que hay que volver a escucharla hasta que finalmente el percutor de tu mente se dispare y entiendas porque la felicidad es un arma caliente… Y por qué es la canción del día. happiness-is-a-warm-gun-75831983