Del fin de la etapa universitaria (o casi)

Se acabó.

En serio, se acabó.

¿Sabes de estas veces que tienes que ir al retrete urgentemente porque estás a punto de parir un truño de gargantuescas proporciones que necesitas extirpar de tu organismo aun a riesgo de que desgarre las hebras de tu ano?

Lo siento si me estoy poniendo pelín escatológico, pero la sensación que tengo ahora mismo es idéntica (salvo porque mi ano está en perfectas condiciones). Sí, lectores y lectoras, he acabado mis últimos exámenes. No, no es una errata: el administrador del blog me ha obligado a tachar la palabra “últimos” porque, bueno, deberían ser los últimos, pero no, no iba a ser todo de color de rosa. Molaría pero no. Molaría mucho ;________;

Lo mejor de todo es que aún ni me lo creo. Es decir, no soy consciente de que hoy no tendré que acostarme a las tantas de la madrugada sepultado por mis propios apuntes, o de que dentro de un par de días me espera otro test con el que devanarme los sesos en todos y cada uno de sus ítems (Para los de la LOGSE: no, no es el nombre de un nuevo Pokémon, son las preguntas de toda la vida de los cuestionarios) y en el que me juego todo un cuatrimestre de prácticas, trabajos y asistencia. ¿Suena divertido? Deberíais haberlo vivido.

Hoy por lo pronto ya tengo plan, y mañana también por lo que parece ser, y voto a tal que ya es hora de liberarme y de beber de las mieles vacacioniles. Y en 2 días… Graduación

Sería un vil mentiroso si ahora echase la vista 4 años atrás y dijese lo fácil: que mi etapa universitaria ha sido satisfactoria y que la recordaré toda mi vida. Ojo, a lo mejor sí, quién sabe, pero dudo que vaya a guardar memorias felices de mi estancia en la universidad, honestamente. Y haciendo alarde de mi capacidad de autocrítica, lo admito, no sería justo tirar todos los balones fuera, porque estamos de acuerdo en que mucha de la mierda que me ha llovido encima durante estos años ha sido obra de circunstancias tan variopintas y diversas que para qué molestarme en mencionarlas. Y con todo no puedo negar que una importante parte de la responsabilidad de que mi vida universitaria merezca el calificativo de “desastrosa” es mía y sólo mía. Pero mira, de todo se aprende, y eso sí que hay que decirlo a los 4 vientos: Este año es con diferencia el que más he aprendido. ¿De la carrera? Ah, pues sí, también, pero no iban por ahí los tiros exclusivamente…

Por eso supongo que tengo cierta curiosidad por la graduación, porque es el epílogo de un libro que ñeh, ni fú ni fá, así que si es un epílogo mediocre estará a la altura del resto de capítulos, y si es un buen desenlace… Pues esa sorpresa que me llevo, ¿no? Con filosofía, señores.

Porque, ¿Qué mejor forma de de cagarse (¿Qué coño me pasa hoy con la mierda? No, en serio, me preocupa) en el fabuloso Plan Bolonia, en haber sido cobayas experimentales, en haber tenido todo un jodido cuatrimestre de Psicología educativa pero no haber dado ni UNA asignatura de sexología, en que no nos hayan informado de nada de las prácticas externas, ni del TFG, ni de los itinerarios profesionales  y un larguíííísimo etc, que cogiéndome una cogorza mastodóntica en traje y chaqueta con gente a la que no voy a volver a ver en mi puta vida

Así que bueno, no queda salvo esperar y ver cómo rueda la vida, en el que está siendo, eso seguro, un año decisivo en lo que a mí respecta. Sólo el fatum (en latín, el destino; no, no es ningún gitano del barrio) sabe qué senda me depara este Verano, pero creo que las cartas invitan, así a bote pronto, a quedarse en la mesa a jugar aunque sea una ronda más: siempre puede salirme una escalera real

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PD: Gracias a Goyo por no exigirme pago de copyright por su gag. Eres un tío mu salao.

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Del análisis de las temporadas de exámenes y otros sucesos del ámbito universitario

Las temporadas de exámenes implican lidiar con el estrés durante un período de tiempo que a menudo parece alargarse ad infinitum. Ya he perdido la cuenta de veces que me he dicho a mi mismo en estos días: “¿Pero desde cuándo 2 semanas pasan taaaaaan lento?“. Ya, yo tampoco me lo explico, pero de todas las que he encontrado en Internet, esta es la respuesta que más me ha convencido:

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Pero no nos engañemos: lo peor de los períodos de exámenes no es únicamente el estrés inherente al estudio y a la preparación de los exámenes. Porque sí, de acuerdo, tener que jugarse en tan sólo 2 semanas de 4 a 7 asignaturas ya es de por sí una violación anal, pero estoy convencido de que el siguiente recurso visual facilitará enormemente la comprensión de lo que pretendo expresar y si no, os resultará sospechosamente familiar:

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Esta meme ilustra, con jocoso resultado, una situación que no tiene ni puta gracia. O sea, sí: tiene gracia de lo real que es. Pero al mismo tiempo no tiene puta gracia precisamente de lo real que es. Me estoy liando más que un pulpo en una lavadora…

Como todo alumno, te estudias el temario de la asignatura, los contenidos que el profesor considera necesarios para superar su materia. Hasta ahí bien, muy loable y correcto. Acudes al examen, confiando en que los ítems o preguntas recogidos en este, naturalmente, guardarán relación de acuerdo a lo impartido en clase y a lo recogido en el material bibliográfico de la asignatura.

 

Sí, sí: “””naturalmente”””. Claro. Mi polla en almíbar.

Lo que pasa es exactamente esto

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Pero claro, en la UMA son muy listos y hacen bancas en filas y ancladas al suelo para que a no ser que seas El Increíble Hulk no puedas alzarlas por los aires, acción que deseas (NECESITAS) llevar a cabo con todas tus fuerzas con la única intención en mente de que el impacto deje al profesor en un profundo coma y no quede más remedio que dar aprobado general a toda la clase por el desagradable accidente. 

Me gustaría honestamente que en los comentarios confirmaseis lo que digo o que lo desmintieseis desde vuestra propia experiencia, porque cuando ayer mis hermanos refutaron este curioso fenómeno universitario que yo les relataba de primera mano, tuve que hacer un esfuerzo titánico para que no me pasase lo que al bueno de Homer: 

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Prepararte un examen a sabiendas de que si al profesor le da la gana va a haceros la guaña del siglo más que doler, indigna. Pero es que después viene la segunda parte: la corrección.

Vengo de una carrera en la que el 80% de los exámenes son de tipo test. El formato de algunos de ellos permite de hecho que una máquina de lectura los corrija ipso facto. Partiendo de esta base, todo debería ir como la seda, ¿Verdad? Aish… La universidad es oscura y alberga injusticias aterradoras…”

Si algo he aprendido en la carrera es a ir SIEMPRE a una revisión de un examen suspenso. Porque si has aprobado un examen y quieres ver tus errores y aprender de ellos, estás en tu derecho, pero si lo has suspendido la cosa cambia y mucho. Ahí “aprender” y “derecho” son términos nimios, sin significado. En esa confrontación en el despacho con el Final Boss, en ese duelo sin tregua no existen el honor ni la rendición.

Pero los profesores son agentes del Mal y yo mismo me he enfrentado a casos en los que me han corregido aciertos como errores. Canallas. Malvados. Marditoh roedoreh. Y contraatacan improvisando una perorata insostenible, confiando en que te darás por cachis, todo con tal de no darte ese 0,2 puntos que son tuyos y que te han arrebatado por un “error de corrección”.

-Bueno, total, si 0,2 puntos no te van a cambiar nada…

+… Tengo un 4,9 -.-´´

-… Es que verás… Si yo por mí te aprobaba, tú lo sabes, pero

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A pesar de todo, con las tramperías del profesorado no acaba la agonía. La parte jodida es el agotador enclaustramiento. Concretamente en esta tanda de exámenes me he visto obligado, repito, obligado, a despejarme. Porque uno está quemado y amargado a lo bestia, y no sólo por asuntos de índole exclusivamente académica. Yo ya aviso que el Jueves, cuando sea libre, será un momento impagable y bello. Y que sí, que ya cuento con que me espera un Verano de mierda hasta el cuello, y sé de sobra que el resto de mis problemas no van a solucionarse por tener más o menos exámenes, pero necesito un poco de calma, relax y disfrute que sólo unas vacaciones pueden otorgar. Y fiesta, maldita sea. Pero sobretodo, desconexión de todo lo malo, aunque sólo sea por unas horas.

 

Eeeen fin, espero que os hayáis sentido identificados con el post y por encima de todo que hayáis disfrutado leyéndolo tanto o más como yo al escribirlo. Me vuelvo a mi cueva a seguir estudiando: ¡Ya queda menos! 

SANDCASTLES