Musicoterapia:The Cat Empire

La música miserable me hace feliz. Por el contrario, la música feliz me hace sentir jodidamente miserable – Steven Wilson

Pese a considerarme un melómano, nunca me leeréis jactándome de mi gran diversidad de gustos musicales. Sí, puede que me vea casi como un cinturón negro en lo que al género progresivo se refiere, pero por ejemplo soy prácticamente un analfabeto en el panorama del jazz. El conocimiento básico que poseo de la música clásica se debe casi exclusivamente a mis años en el conservatorio y a la influencia de mis padres y si bien es inusual verme escuchando pop, también tengo mis debilidades personales en el que posiblemente es el más trillado de los estilos musicales de nuestro tiempo. Entre este año y el pasado me he estado abriendo a la electrónica, aunque haya sido a paso de hormiga. Pero oye, supongo que por algo se empieza. 

Y es que amo la música. Es mi gran pasión, mi mayor confidente y el ente en el que encuentro mayor placer y recreo, aparte de, cómo no, la escritura. La música tiene la capacidad de hacerme feliz y como reza la fantástica cita con la que he dado pie a la entrada también miserable. Personalmente considero este hecho como algo infinitamente más mágico y sobrenatural que el hecho de sacar un conejo de una chistera.

No es un secreto confesar que la mayor parte de la música que escucho día a día tiene un elevado contenido “negativo”: Ya sea por sus letras o melodías, la música triste, depresiva, nostálgica y melancólica es la que más ha casado siempre con mis preferencias. Y es que pienso que ya estamos demasiado bombardeados de arco iris, “coelhismo” y hollywoodismo gratuitos. Me parece perfecto que exista el positivismo, pero opino que nada en exceso es bueno y menos si se le atribuye a una filosofía de vida un carácter que roza lo sectario. Porque sincerémonos: hoy en día tienes que aparentar que eres feliz y optimista, y si no, la sociedad aparte de señalarte como a un leproso, te intenta convertir a su dogma de “sonríe hasta que lo acabes haciendo de forma natural”. Que tiemble el cristianismo: le ha surgido un digno competidor… Llamadme raro, pero lo que es a mí, la idea de que me atiborren a la fuerza de happiness para que se haga foie gras conmigo no es una idea que me entusiasme demasiado. Es lo que yo sin tapujos me atrevo a catalogar como una alienación del estado de ánimo genuino. 

Una de las formas bajo las que opera esta forma de alienación es la música mainstream de consumo que existe únicamente por y para el estribillo pegadizo de turno. ¿Es esto algo necesariamente malo? Insisto en que no, pero a veces es inevitable pensar en que la gente no es consciente que existen unos cuantos formatos más en este arte tan hermoso llamado música.

Adelante, me quitaré la máscara: soy un cruzado de la música, un rebelde inconformista que nada a contracorriente de lo cien mil veces manido, del ineludible verso-estribillo-verso, un despiadado hater del material de discoteca y de los hits que todo Dios conoce menos un servidor. Supongo que esto que expongo es lo mismo que ocurre pero a la inversa con la pintura contemporánea: si no tienes ni zorra de arte pictórico ves un montón de manchas de colores en un lienzo y dices “esta mierda la pinto hasta yo con el rabo”. 

Quizás no es cuestión de elitismo y simplemente la fórmula de la música positiva no hace click conmigo y soy incapaz de creérmela. Como cuando un Testigo de Jehová llama a tu puerta sin siquiera habérselo ofrecido antes, la música mainstream es para mí una invasión en toda regla.

Sin embargo, y aquí llega al fin el quid de la entrada, hay días en los cuales estoy tan mal que no me veo capaz de escuchar 4 canciones seguidas de Radiohead o Porcupine Tree, por citar sólo un par de tantos ejemplos. En esos nefastos días, la empatía que normalmente debería transmitirme consuelo y desahogo se tornan en algo mucho más nocivo para mi ser.

Lo cierto es que es música que me define tan bien, que conecta tanto conmigo, que en esos casos es capaz de provocarme auténtico daño. ¿Qué hacer entonces, en esos días de autosabotaje y amotinamiento espiritual en los que el mundo y yo conspiramos contra mí mismo? Beberme el agridulce y vulgar veneno al que yo me refiero como música happy me produce una náusea inenarrable, pero sentir cómo la montaña de mi propia mierda comienza a taponar mis orificios asfixiándome al ritmo del 80% de mi depresiva música tampoco es una opción a tener en cuenta. Afortunadamente, como se suele decir, siempre hay un roto para un descosido. Estaba ya resignado, convencido de que no existía la musicoterapia eficaz para sujetos con unas tendencias tan depresivas como las del menda, cuando mis plegarias fueron escuchadas.

Y The Cat Empire entró en mi vida por la puerta grande.

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Y como otras tantas cosas de la vida, fue por casualidad. Me dirigía yo el Verano pasado a una fiesta en casa de una amiga y nada más llegar, la música que sonaba de fondo captó poderosamente mi atención. Por describirla de algún modo, en palabras, diré que era enérgica, de digestión fácil a la vez que dejaba translucir capas de profundidad, debido a, todo sea dicho, a la ecléctica mezcla de ritmos y melodías de las que hacía gala. Para empezar, no se apreciaba ni una sola guitarra eléctrica, lo cuál ya es raro de cojones se mire por donde se mire. Por el contrario, el protagonismo lo ostentaban los vientos metales y unos ritmos de innegable influencia latina que a mi me estaban trayendo loquito. Además la canción ambientaba de maravilla la temática fiestera porque horror… Era música happy.

El responsable de la música era amigo de la anfitriona y le pregunté casi de inmediato por el grupo:

“Se llaman The Cat Empire. Molan mucho”

Fue mucho más que molar mucho. Fue amor a primera escucha. 

Toda la playlist me tuvo abstraído durante toda la fiesta, quizás porque aún no lo sabía, pero ya una parte de mí intuía que The Cat Empire era todo lo que siempre había estado buscando durante mucho tiempo sin éxito. De vuelta a casa me empapé de su música y me documenté bien de ellos y desde entonces se han vuelto unos imprescindibles en mi reproductor de música.

THE CAT EMPIRE

The Cat Empire es un grupo australiano que simplemente es imposible de encasillar en un sólo género. The Cat Empire es un cocktail que suma tantos ingredientes que debería acarrear una resaca del carajo pegado al retrete, pero todo lo contrario: entra como agua y te deja uno de esos ciegos de reírte por cualquier cosa. Y a la mañana siguiente, amaneces lúcido recordando las anécdotas de la noche anterior.

The Cat Empire hace rock pero no al uso, porque lo combina con grandes dosis de reggae, ska, jazz, funk, calipso, música disco, bossa nova, klezmer, vals… Sin hacer música progresiva, su doctrina musical lo es precisamente por poseer un estilo polifacético a la par que único y por atreverse compositivamente con todo.

En directo demuestran una energía contagiosa y electrizante hasta el punto de que sus conciertos se convierten en verdaderas pistas de danza… Ah sí, que no os lo he contado: a mí The Cat Empire me hacen bailar. A mí. Sin quererlo. Bailar. La cosa de moverse y eso.

Los australianos con filia por la música latina se han ganado a pulso entrar en mi top10 de grupos favoritos de todos los tiempos no sólo por su genio compositivo ni por su envidiable ejecución. La música de The Cat Empire es adictiva, divertida y hace feliz a su público sin proponérselo siquiera. Sin artificios de ninguna clase, sólo siendo eso, naturales. Es curioso que lo que debería ser lo más esencial sea hoy en día algo tan escaso, ¿no?

LOS MUSICOTERAPEUTAS

-Félix Riebl es el líder y cerebro detrás del Imperio y si bien no es raro verle marcándose un digno solo con la percusión latina, su papel principal es el de vocalista y frontman. A mí, directamente, es un tío que me pone (no homo) porque derrocha magnetismo por los cuatro costados y tiene un timbre de voz muy particular e interesante.

-Henry James Angus y Ollie McGill son los encargados del virtuosismo y lucimiento instrumental. El primero es un trompetista bestial y en más de una ocasión asume el rol de vocalista (benditos pulmones), especialmente en esas alocadas secciones de ska repletas de palabras disparadas a cadencias imposibles. El segundo es el teclista y responsable de tocar en sus solos más notas por segundo de las que la ley permite. Anymore o Motion (la que es probablemente mi canción favorita del grupo y eso que hay entre dónde elegir…) lo demuestran a la perfección.

-Ryan Monro (bajo y contrabajo) y Will Hull-Brown (batería), se ocupan de la labor rítmica del grupo, posiblemente la característica más notoria del estilo de la banda. Dominan holgadamente todo tipo de géneros y sí, ellos son los culpables de que tus extremidades se muevan como poseídass por el ritmo ragatanga al son de The Cat Empire .

-El DJ Jamshid “Jumps” Khadiwhala es percusionista de apoyo, pero cuando realmente brilla con luz propia es cuando se pone a pinchar sus mezclas y samples en su mesa. Sus efectos son probablemente el añadido más experimental del grupo y le dan un sabor extra al estilo de The Cat Empire. Lo confieso, al principio choca bastante, pero tras unas cuantas escuchas, te das cuenta de que sin su scratching, The Cat Empire no sería el mismo rollo.

-Ross Irwin y Kieran Conrau más que miembros oficiales son un grupo de apoyo en la sección de viento metal para reforzar (más si cabe) el sonido de la banda y aunque su actividad tiene un cariz más secundario, forman parte del imperio felino con méritos y honores propios.

En sus más de 12 años de carrera han publicado 6 discos de los cuales los 3 primeros son indiscutibles obras maestras, habiendo tomado una orientación significativamente más accesible e easylistening en la segunda mitad de su discografía. Estos tres últimos siguen siendo discos de una calidad envidiable por la que ya muchos grupos de renombre querrían firmar, pero es justo puntualizar que la dosis de atrevimiento y virtuosismo se ha visto ligeramente reducida en los últimos años, lo cual no quita para que muchos fans, entre los que me encuentro, ya estemos deseando que vea la luz el séptimo trabajo.

Por si fuera poco, las letras de las canciones de The Cat Empire (aspecto que rara vez capta con fuerza mi atención) rozan un nivel más que elevado y algunas como las de la canción Miserere (que es una preciosa oda a la vida y al existencialismo), poseen un factor literario verdaderamente conmovedor.

Y ya sí, dejándome de tanto tecnicismo y análisis, finalizo concluyendo que este ensayo no es sólo (espero) una carta de recomendación para The Cat Empire: es una cuenta que tenía pendiente con ellos prácticamente desde que tuve la oportunidad de escucharlos por todo cuanto me han aportado.

Porque The Cat Empire ha supuesto para mí una verdadera musicoterapia en momentos difíciles en los que nada parecía ser capaz de dibujarme una sonrisa en el rostro. Así, este post es también un humilde homenaje a ese talento que tienen para componer grandes canciones que mudan vertiginosamente de estilo, ritmo y melodía en tan sólo 3 minutos. Homenaje también por hacerme bailar a golpe de ritmo latino, a pesar de moverme con la gracilidad de un pato mareado. Homenaje porque son la fiesta auditiva personificada y porque son capaces de hacer que el espíritu del Verano perviva durante los 365 días del año, evocando playas de fina arena, olas rompiendo en la costa, y un Sol radiante aunque los escuches en el mes de Febrero. 

Pero sobre todo homenaje por conseguir que me importen menos los cabreos, las decepciones, el mal tiempo, que las cosas no siempre salgan tan bien como me gustaría y por hacer que mi forma de ver el mundo sea un poco menos oscura y mucho más resplandeciente, permitiéndome apreciar con más claridad todo aquello por lo que tengo que alegrarme y dar las gracias. Y dicho esto, me despido con las líneas de Félix Riebl, porque de mi cosecha no las hay mejores ni tan brillantes:

Long live living if living can be this.

 

La añoro

No os podéis ni imaginar cuánto la echo de menos. Cuánto añoro cómo me hace sentir. Cómo a pesar de la distancia no me falla nunca, como siempre está ahí para mi, dispuesta para lo que sea que necesite: para soportarme, para consolarme, para escucharme, para divertirme, para ser mi compañera más fiel, en las buenas y en las malas… Soy muy afortunado de tenerla.

Hemos tenido nuestros más y nuestros menos, claro, ¿y qué pareja no? Pero lo importante es que al final del día, cuando me cubro con las sábanas, en lo único en lo que puedo pensar antes de dormir es en poder tocarla al día siguiente, en poder compartir sonrisas, sudor y lágrimas con ella. Porque el nuestro es un viaje de ensayo y error, una senda que recorremos juntos, aprendiendo y creciendo. Y al final, cada tropiezo, cada escollo, nos acaba siendo devuelto en forma de recompensa y todo el sufrimiento y la frustración merecen la pena.

Con el tiempo, nos hemos acabado conociendo muy bien el uno al otro y hemos estudiado a conciencia qué nos gusta más y qué nos gusta menos… Y lo mejor es que siempre estamos dispuestos a mostrarnos flexibles y a adaptarnos para hacernos felices el uno al otro. Es TAN poco lo que ella demanda de mi y TANTO con lo que me obsequia… Que a veces pienso que nuestra relación está descompensada y que ella da más de lo que recibe. Pero luego hago examen de conciencia y admito que mi papel en nuestro vínculo es tan relevante como el suyo pues soy yo casi siempre quien la busca, quien la tantea, quien la corteja y quien la ama con el cuerpo, con la mente y con el alma. Qué puedo decir: estoy enamorado hasta la médula de ella…

 

Y es que, está mal que yo lo diga, pero se merece a un tipo como yo, que la atice golpe a golpe, con violencia, hasta el último aliento y que no pare ni cuando ella parezca a punto de quebrarse. Y no tengo reparos en qué usar para que mi amor llegue a ella: las manos abiertas, los pies, palos… Lo que sea con tal de demostrarle qué siento cuando estoy a su lado. Y ella recibe y acepta los gestos con satisfacción, porque sabe mejor que nadie que pongo toda mi pasión y dedicación en cada golpe, aunque más que golpes sean caricias producto de mi arte y que son la forma que mejor conozco de expresar el torrente de sentimientos que inunda mi corazón al compartir momentos de tanta belleza. Algún día debería invitaros para que asistáis personalmente a la consumación de nuestro pletórico acto sexual, rebosante de violencia, de lujuria, de visceral frenesí. Y no os permitiría que dejaseis la sala hasta que escuchaseis cómo el orgasmo escapa de mis labios bajo la forma de ese febril suspiro que siempre profiero y sin que el espectáculo no estaría completo.

 

Ah, amada mía… ¿Durante cuánto más tiempo habremos de estar separados? Siento que si no te doy una de mis palizas voy a ser pasto de la desesperación. Debes sentirte sola, triste, pesarosa, abandonada… No quiero ni imaginar tus heridas cicatrizando, me pongo enfermo y me hierve la sangre de sólo pensar que no te estoy profesando el amor que me inflama cada vez que pienso en ti. Prometo que pronto iré en tu busca y en menos tiempo del que crees estaremos juntos para no separarnos nunca más. Nunca más, te lo juro. 

 

Siempre tuyo:

Tu amado intérprete.

 

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Vídeo

Hasta que la música nos separe

Nuestra sinfonía comenzará con estruendo, con un Fortissimo de esos de los que cortan la respiración con demasiada violencia, de los que hacen que la sección de cuerda despeine las cerdas de sus arcos y de los que derriten los instrumentos de viento-metal. Y ante tamaño espectáculo, el director de orquesta sonreirá sin proponérselo, al contemplar los escalofríos de los que será víctima muda el público, que acudió a escuchar uno de tantos conciertos anodinos y no la magnum opus de un compositor que nunca llegó a existir siquiera. Y los músicos atacarán con la obertura, la cual, por mucho que se busque, no se encuentra escrita en ningún papel de pentagrama. Y el oboe se desmarcará de la orquesta con su improvisado solo, del que robará notas prohibidas a Apolo y a Orfeo, para enamorar al atónito auditorio con el mismo hechizo de sirena que casi hizo naufragar a Ulises…

 

Al menos, hasta que la música nos separe.

 

Y apuraremos el Whiskey no sin que el hielo tintinee, envidioso de nosotros, y emprenderemos el camino a casa, agarrados del hombro y la cintura. Y en mitad de la negra calle, nos urgirá bailar un vals que sólo nuestros labios conocen. Y cerraremos los ojos, durante lo que parecerá una eternidad. Y los mantendremos así, muy cerrados y no nos atreveremos a abrirlos…

 

Hasta que la música nos separe.

 

Y abriremos la puerta y nos dejaremos caer en el colchón, con la camisa a medio desabotonar, con la falda por los tobillos, con el pelo como las cerdas de los violines del recital, con la mirada tan licuada como el metal mágico con el que se forjan las flautas traveseras. Y nos desharemos de todo: del dolor, del sufrimiento, de la soledad, del pesar, de la pérdida, del fracaso, del abandono, de las dudas… De todo menos de los calcetines y de su tacto de seda y de las ganas de amarnos como si fuese la última vez. Entrelazaremos nuestras falanges y haremos magia al dotar a cada una de nuestras manos de diez dedos. Y del pulgar al meñique, cada uno tendrá a su pareja perfecta, y no habrá necesidad de volver al desigual, solitario y excluyente número cinco…

 

Hasta que la música nos separe.

 

Y bailaremos de nuevo, pero esta vez con todo el cuerpo. La impaciencia y el apetito nos hará saltarnos el tempo y el compás y nos dará igual que nuestro dúo sea en clave de Sol o en clave de Fa. Nos fundiremos en un abrazo y acariciaremos nuestras espaldas con la minuciosidad con la que se enhebra una aguja, para poco después apuñalarnos con las uñas cada vez más y más profundo, como si quisiésemos excavar hasta el corazón para una vez allí, marcarlo de forma indeleble. Nos morderemos el cuello y nos sentiremos como el oboísta con su solo al arrancar dulces y apasionadas notas de lo más profundo de nuestras gargantas. Y cuando hayamos explorado y conquistado cada rincón de nuestro fatigado cuerpo y cuando el sudor nos arrope, nos miraremos a los ojos, tratando de consolidar la imagen en lo más profundo de nuestra memoria, donde nada ni nadie pueda arrebatárnosla. Y nos entregaremos al sueño esbozando la sonrisa de quien ya no teme nada, de quien ha vivido lo suficiente como para saber que puede decir sin temor a equivocarse que es plenamente feliz en el aquí y ahora. Algo que todos los enamorados sin excepción decimos…

 

Hasta que la música nos separa, porque a la mañana siguiente, con las primeras luces del alba y con el canto de las aves, despertaré buscando a tientas tu cuerpo desnudo, que de pronto se me antojará terriblemente lejano y distante. Y sólo cuando abra los ojos y mire en derredor entenderé demasiado tarde que te has ido para siempre. Y sentiré dolor, sufrimiento, soledad, pesar, pérdida, fracaso, abandono, dudas… Todo aquello de lo que me liberaste regresa vengativo para atenazar mi alma con cadenas de ardiente hierro. Y caeré de rodillas, esclavizado. Y lloraré, desolado. Y gritaré para que la afonía sentencie mi locura. Y durante lo que se extiende una fusa, parecerá que todo se calma, que todo transcurre. Pero al extinguirse, evocaré la imagen de tu recuerdo, el recuerdo de tu mirada, la mirada de tu engaño, el engaño de tu falso amor. 

Y su profunda huella no desaparecerá de mi alma…

 

 

Hasta que tu música nos separe.

Vídeo

15 canciones sin las que no concibo el Verano

¿Qué, ya os creíais que me había pasado algo? Pues no, que no panda el cúnico, tan sólo es que estos días ando tremendamente ajetreado, pero de salud como una manzana, de verdad. Lo sé, lo sé, en pleno Julio y la uni aún no me deja disfrutar del Veranito: injusticia es decir poco…

Oye, y digo yo que, ya que estamos hablando de Verano, sería bueno ir metiéndonos en situación y honrar a la temporada estival compartiendo con vosotros algunas de las canciones que mejor plasman para mi la esencia de la presente estación. Así os descubro nueva musiquita y yo aprovecho para dejarme los dientes aún más largos soñando con cielos despejados, agua, arena y chicas despampanantes bañándose plácidamente en el mar hasta que una ola va y les arranca la parte delantera del bikcasi que mejor paro porque se me cae la baba de sólo imaginar el espectáculo.

En fin, lo dicho: ¡Comenzamos con canciones made in Summer! ¡Preparaos porque a lo mejor hay alguna sorpresa inesperada!

1. D’yer Maker – Led Zeppelin

http://www.youtube.com/watch?v=UWxdGJR_foY

El característico redoble del señor Bonham da rienda suelta a la primera de la lista, una canción que transporta sin remisión a una tropical playa gracias al característico riff de guitarra de Jimmy Page. Al poco se incorpora la siempre sensual voz de Robert Plant, enfatizando más si cabe el caluroso clima que desprende la canción del (probablemente) mejor grupo de la historia del rock n’ roll. 

¿Qué puedo decir de D’yer Maker? Pues que sencillamente me es imposible dejar pasar un Junio, Julio y Agosto sin escucharla día sí y día también. Eso sí: ni se os ocurra escuchar esta canción en Invierno porque os puedo asegurar que os dolerá en lo más profundo de vuestra alma durante muuchos meses.

 

2. Can’t Take My Eyes Off You – Muse

http://www.youtube.com/watch?v=BrBNfXIBqu4

Muse no suele decepcionar con sus covers (más os vale conocer su Feeling Good, que si no os suelto una galleta ¬¬) y desde luego supo abordar este clasicazo de finales de los 60 de una forma exquisita, siendo fiel a la versión original al tiempo que deja constancia del sello propio del trío británico en cada nota ejecutada. 

El desmadre y locura propios del Verano quedan reflejados a la perfección en ese intenso estribillo, repleto de optimismo. ¿Alguien se enrolla y me trae un tinto fresquito? ^u^´´

 

3. Octopus’s Garden – The Beatles

http://www.youtube.com/watch?v=CUFcfXgW_dQ

Ay Ringo: todos te odian menos yo.

Vale que siempre ha sido el Beatle menos talentoso, tampoco vamos a negarlo, pero todo lo referente al haterismo (para los de la LOGSE: que le tienen mucha manía al pobrecico mío) hacia Starr siempre me ha parecido pelín exagerado. Quizás soy yo el contaminado, ya que como batería, soy plenamente consciente de la repercusión que tuvo el melenudo en el instrumento, pero si hay que reconocer, más allá del debate, que Octopus’s Garden es de lejos su mejor composición (si bien eso tampoco es un consuelo…) y maldita sea, no la canta tan mal el muchacho… 

Yo no sé qué tiene esta canción (¿será el efecto de burbujas?), pero a mí siempre me recuerda a “Bajo del mar” de La Sirenita,  y eso sólo puede ser un punto a favor. Ojito a los solos de guitarra, especialmente al que desemboca en el outro. Si esta canción no os mola, confío en que la próxima lata de birra que abráis os empape de espuma como castigo y todos vuestros amigos se burlen de vosotros. Y que os pinchen. Con un tenedor. En el ojo.

 

4. Viva La Vida – Coldplay

http://www.youtube.com/watch?v=oncmL69ZEJ8

Tranquilos, no se me ha ido la perola. Sí, sí, Viva La Vida, la de Coldplay, sí, hasta yo de tanto en tanto escucho musiquita normal, así que relajad la raja, que me he tomado la medicación a mi hora.

Contra todo pronóstico esta canción siempre me ha gustado un montón: la atmósfera, la voz, la melodía, las sección de cuerdas… Supongo que la cuestión es que me sobrecoge, no sé muy bien por qué. Y la letra… Me parece la leche de épica xD. ¿Y esta canción te recuerda al Verano, me preguntaréis? Pues la cosa es que sí, me recuerda concretamente a los últimos Veranos en mi colegio y me trae tela de buenos recuerdos. Así que, siendo justos, no puedo decir que sea una canción representativa del Verano, pero sí una muy importante de mis pasados Veranos de juventud. Y ya paro que me hago la picha un lío. ¡Os avisé de que habría sorpresas en la lista!

 

5. San Tropez – Pink Floyd

http://www.youtube.com/watch?v=FwITUMl5UKw

Las estrellas titilan en el cielo nocturno y las observo a medida que me balanceo en la hamaca, al lado de la piscina. Esto es vida, pienso… Y joder, ya lo creo que lo es.

San Tropez es una de las canciones más atípicas y desconocidas de Pink Floyd, una mosca blanca en su extensa discografía, pero cuánta magia se cuece en sus poco más de 3 minutos y medio… El piano, la batería, la guitarra, y el bajo y voz de Roger Waters nos llevan de la mano a una noche de Verano de tantas, de las de no tener ninguna obligación: hoy puedes trasnochar y mañana levantarte a las mil y así día, tras día, tras día… Adoro el groove de esta canción: tiene un punto muy coqueto y cautivador. 

PD: Decidme que el 1:18 no suena IGUAL que la canción del final de los capítulos de Bob Esponja xDDDDDDDD

 

6. Santeria – Sublime

http://www.youtube.com/watch?v=LTCyZvb2Uzw

Santeria es una canción que descubrí gracias al Guitar Hero III (con diferencia el mejor de la saga) y que rápidamente se hizo un huequecito en mi corazón gracias a su pegadizo estribillo. Es una canción que no es nada del otro mundo, correcto, pero me trae muchos recuerdos de Veranos enteros viciado hasta altas horas de la madrugada en compañía de la Gibson de plástico y las teclas verde, roja, amarilla, azul y naranja. Llegué a ser bueno y todo… Aish, daría lo que fuese por poder volver atrás en el tiempo y revivir una de esas noches, pero mejor paro que me estoy poniendo nostálgico y tontorrón. ~ u ~

 

7. Pretty Fly (for a white guy) – The Offspring

http://www.youtube.com/watch?v=sZQ3FiKf09M

Estos mamoncetes no podían faltar en mi lista veraniega. Siempre me han flipado la batería de Atom Willard y la peculiar voz de Dexter Holland y aunque no he escuchado a The Offspring tanto como me gustaría, me parece un grupo accesible y agradable de escuchar, de los que te cargan las pilas hasta en tu peor día de resaca. 

Su intro es digno de leyenda: el uso del cowbell, la potencia del bajo y ese descarado riff de guitarra la convierten en una de las imprescindibles en toda fiesta playera o piscinera. Dan ganas de cargárselo todo con esta canción de fondo, de tirarte en plancha al agua, de saltar una hoguera, de matarte el hígado a chupitos, de… DE IRSE DE FIESTA COÑO, DE IRSE DE FIESTA, QUE ESO ES LO QUE YO QUIERO YA. 

 

8. Down by the Seaside – Led Zeppelin

http://www.youtube.com/watch?v=atuU12Ye9F8

Ya sé qué me vais a decir que meter 2 de Led Zeppelin en la misma lista es jugar sucio, pero es que mientras que D’yer Maker es veraniega de forma digamos “accidental”, Down by the Seaside fue compuesta con la intención de evocar la playa y el mar. Ese efecto de guitarra, unido al soberbio juego del piano eléctrico de John Paul Jones ilustran un apacible y paradisíaco escenario, que se endurece en torno a la mitad del tema con un ritmo y tonalidad mucho más rockeros y agresivos… Para luego volver al tema principal de forma casi imperceptible, con un dominio compositivo e interpretativo sólo al alcance de bandas del calibre de Led Zeppelin.

¿No os dan ganas de dar un paseo por la orilla con los pies descalzos…? 

 

9. Breaking All Illusions – Dream Theater

http://www.youtube.com/watch?v=p7Wm3fmoPMU

Me sorprende que la primera vez que aludo a mi grupo favorito de todos los tiempos en el blog sea para una lista de canciones veraniegas, pero no os preocupéis, que “gracias” a The Song Of The Day vais a tener a Dream Theater hasta en la sopa de ahora en adelante. Pero al grano:

Si después de escuchar los casi 13 minutos de orgasmo musical que es ofrece esta canción os preguntáis qué puñetas tiene Breaking All Illusions que me recuerda al Verano os responderé que… Todo.

Para mí, A Dramatic Turn of Events fue el disco del Verano de 2011 y aún recuerdo como si fuera ayer la expectación por escuchar el 11º disco de Dream Theater. La que escucháis no sólo es la mejor canción del disco, también la considero la más excelsa canción que ha compuesto la virtuosa banda en varios años. Por si fuera poco, fue la canción que estaba escuchando en uno de los días más memorables y especiales de toda mi vida y del mismo modo está asociada a una de las personas más memorables y especiales que he conocido nunca. Pero eso es, como suele decirse, otra historia.

Es una canción tan larga, buena y llena de significado que no me cabe duda de que ya tendrá su propia entrada en un futuro no muy distante. Acordaos de mis palabras.

 

10. Jamming – Bob Marley

http://www.youtube.com/watch?v=_qRN8HoZtbo

¿Era evidente, verdad? Bob Marley es una de mis asignaturas troncales pendientes en el mundo de la música, pero no haber incluído Jamming aquí habría sido poco menos que un sacrilegio y en estos momentos ahora mismo yo estaría ardiendo en una hoguera, pagando por mi herejía. 

Conocida mundialmente por su magnética melodía, Jamming es un himno al movimiento rastafari, una de las canciones estandarte del reggae, la canción por antonomasia si te estás fumando unos petas y sí: una oda al Verano. 

Irte a la playa con tus colegas, sacar los mojitos, abrir una sandía y colocarte a muerte con… Con la canción, claro, claro. A eso le llamo yo “improvisarse” un plan veraniego por todo lo alto.

 

11. Till there was You – The Beatles

http://www.youtube.com/watch?v=NRkkmvfGTos

Por si os habíais quedado con más ganas de los escarabajos, he aquí una de las canciones más soleras y caribeñas que he escuchado nunca. Dios, es que es escucharla y sentir como tu piel se va bronceando a medida que tu garganta se reseca, situación en la que se te escapa un: “Ojalá hubiese un kiosko por aquí para comprarme un Frigopie…”. O unos Fantasmikos. O un calipo. O la picha del Yeti, qué se yo, no me voy a poner a juzgar qué os metéis en la boca…

Y si ya atendemos a su letra, todos nos veremos reflejados en uno de esos rolletes de Verano tan clásicos de la adolescencia. Sí, sí, esos de los primeros besos, las primeras caricias prohibidas y los vuelcos de corazón con cada cruce de miradas. Ah, juventud, divino tesoro…

 

12. I Gotta Feeling – The Black Eyed Peas

http://www.youtube.com/watch?v=uSD4vsh1zDA

A mi no me la coláis: esta sí que no os la esperabais xD

De las canciones así rollo boom comercial del Verano, I Gotta Feeling siempre me ha parecido de las mejores, y hasta un pato mareao como yo TIENE que bailarla si suena en la discoteca, qué le voy a hacer, no puedo remediarlo. Te contagia un buen rollo increíble, te hace creer que de verdad es LA NOCHE y que no hay nada imposible. Al igual que Viva La Vida, me transmite una buena dosis de nostalgia y felicidad al mismo tiempo y es la canción por la que siempre voy a tener grabada a fuego mi Graduación de 2º de Bachillerato, de la que guardo un recuerdo protagonizado por grandes contrastes. No ha llovido ni ná desde entonces…

 

13. Get Lucky – Daft Punk

http://www.youtube.com/watch?v=5NV6Rdv1a3I

Esta estaba cantada.

Get Lucky lleva muy poco tiempo vivido (apenas 1 año y 2 meses), pero se ha ganado a pulso formar parte de esta lista. ¿Que la han trillado a tope? Sí. ¿Que su estribillo se repite más que un plato de hígado encebollado? Pues también, vale, pero entre nosotros, hay pocas canciones más fiesteras y veraniegas como la compuesta por el dúo de cyborgs franceses. 

Ahora me resulta curioso, pero a pesar de contar con un potente factor catchy y de estar imbuida de la fórmula “no te la vas a quitar de la cabeza ni a patadas”, al principio tuve intensas reservas con el single de Daft Punk. Afortunadamente, al final sólo pude rendirme ante la evidencia de que estaba ante un temazo y finalmente vi la luz. La de la bola de espejos, quiero decir, porque con esta me pasa al igual que con I Gotta Feeling: como escuche la primera nota, se me va la flapins y lo que pierdo en vergüenza lo gano en motivación en la pista de baile.

Pero discotecas a un lado, donde realmente se tiene que disfrutar Get Lucky es en una moraga en la hora del crepúsculo con el Sol hundiéndose en el mar y tiñéndolo todo de carmesí. Que viva el género funky y la música disco, señores. Y no lo olvidéis: a pillar suerte.

 

14. Island in the Sun – Weezer

http://www.youtube.com/watch?v=NnAy_ba-3Pg

Pero si hay una canción que para el menda es el epítome absoluto, la esencia cristalizada del Verano… Esa es Island in the Sun. Y mira que la canción es tonta con avaricia, pero la condenada conquista como pocas. Nunca falla en dibujarme una sonrisa, especialmente si estoy flotando sobre una colchoneta en la piscina mientras combato el calor con una birrita en la mano. Y luego dirán que en Verano se suda, que es un asco, que bla, bla bla… El Verano es la polla en conservas y punto. 

Pero mejor me dejo de tanta palabrería, porque cuando sobran las palabras, sobran las palabras: que Island in the Sun os cuente de tú a tú por qué es mi representación ideal de las vacaciones de Verano.

 

15. Youkoso! Hitori Bocchi – Pearl Kyoudai

http://www.youtube.com/watch?v=Dvv0EUpH3ZA

La cultura otaku (friki para los no familiarizados con el término) disfruta actualmente de una era de prosperidad y relativa tranquilidad. Atrás quedaron los tiempos en los que te insultaban y se metían contigo por ver anime y leer mangas. Ahora ser otaku es considerado “casi normal”. Algo es algo, supongo. 

Esta introducción a la última canción de la lista pretende invitaros a escuchar esta canción dejando a un lado vuestros prejuicios por el idioma (japonés, sí, japonés) en el que está cantada. Para hacer menos desagradable la experiencia me he molestado en buscar un enlace con subtítulos en español. Igual hasta os mola la letra cuando la leáis.

Después de 14 canciones de felicidad, playa y solano everywhere, ¿Por qué una canción tan putamente deprimente para acabar con la lista? Pues porque esta es la canción que escucho todos los Veranos cuando tocan a su fin. Es casi un ritual, un duelo, un luto personal. Puede sonar (y ser) tremendamente masoquista, pero es mi forma de darle su merecido y sentido adiós a 3 meses que siempre dejan anécdotas que contar y experiencias que atesorar.

Espero que disfrutéis de las canciones, queridos lectores, pero especialmente del Verano, porque sea como sea, estoy seguro que os habéis ganado un merecido descanso después de un año tan duro como el que está siendo así que ya sabéis lo que dice el maestro Sabina: que el fin del mundo te pille bailando.

Pero yo soy más de que me pille en la playa viendo como las olas revuelcan a las guiris. Llamadme loco. O pervertido.

 

 

 

 

 

De por qué soy músico y amo en clave de Sol

Debería estar estudiando. Pero no me apetece. Acabo de comer, tengo el estómago lleno y cierta modorra y no es plan de ponerse a pelear con los apuntes. Podría ponerme a ver la tele, pero hace años que la caja tonta vomita demasiada mierda audiovisual y no me apetece mancharme los ojos ni los oídos. Oídos… Eso es. Buf, pero no puedo coger la travesera: es la hora de la siesta y haría demasiado ruido. Pienso en ponerme un rato con la batería, pero las casi 3 horas que he dormido hoy me han pasado factura y tengo las extremidades agarrotadas y las articulaciones hechas polvo. Por no hablar de mi cerebro, que piensa con más lag que Homer cuando Lenny le llama lento.

Así que sólo resta la guitarra.

 

No sé tocarla ni nunca he sabido. De hecho, a día de hoy, atribuyo a la magia negra el fenómeno físico de la producción de sonido en el caso de los instrumentos de cuerda. Este tipo de instrumentos y yo nunca nos hemos llevado especialmente bien. Pero sabes que es hora de dejarse llevar por la música y transmitir algún sentimiento.

Cuando he dicho que no sé tocar la guitarra, significa exactamente eso: no sé rasgar, ni los acordes, no sé qué indican esos puntos tan cuquis de los trastes, y llamadme minimalista, pero a mí con tocar en una cuerda me basta… Más que nada porque soy incapaz de combinar varias a la vez.

Me acerco a ella y la cojo con extremo cuidado. Casi parece que estoy acunando a un bebé más que agarrando un instrumento. Es raro por la falta de familiaridad que tengo con la guitarra, pero no resulta incómodo: todo lo contrario. 

 

Y sucede. 

 

Porque de acuerdo, no sé rasgar. Con suerte, si mi memoria no me falla, me sabré en total 3 acordes que ni uso. Ni pajolera idea de los puntitos ni de por qué TANTAS cuerdas… Pero de algún modo (y eso SÍ que es digno de hacerse llamar magia negra) sé exactamente dónde está cada nota e improvisar una melodía a medida que las encadeno. 

“Claro, es que cuentas los trastes y estableces una relación de tonos y semitonos que…”

No. No estoy contando nada. Y aunque así fuese, no podría hacer ese procesamiento tan rápido sin un previo entrenamiento. No, no tengo oído absoluto: no sé si cuando una copa se estrella contra el suelo en mil pedazos es un Si o es un La. Me encantaría, y a quién no, pero desafortunadamente no dispongo de ese don.

Pero cuando toco un instrumento, realmente siento que es casi como si se estuviese comunicando conmigo, guiando mis dedos, como si me dijese: “Esta es la nota que buscas”. Y no digo que no me equivoque nunca, que no patine, que no se me vaya la flapin (la olla, para los que no conozcáis a Loulogio) y meta una nota que no es… Pero suelo tener esa fiable intuición espontánea, ese yo-qué-sé-qué-se-yo que me hace sentir músico aunque ya no me acuerde de la mayor parte de la teoría que me enseñaron en el conservatorio años ha o de cómo se solfeaba un compás de 9/8.

No digo que sea mi súperpoder, ni nada por el estilo, porque músicos con oídos relativos y absolutos los hay a patadas. Pero para los que no sepáis el inmenso placer que proporciona poder tocar “”LO QUE QUIERAS””… Las comillas están por algo (y duplicadas, ojo), porque vale, no sé tocar rápido ni haceros un solo de la ostia, pero puedo improvisar y sacarme de oído casi cualquier cosa en el momento. Y es la jodida leche, no os mentiré. 

Para los que no me conocéis, ya habéis podido deducir por la tónica que impera en el blog que para mí la música es el súmmum de todo lo existente. Al escuchar o interpretar música conecto con algo que está más allá de la comprensión de cuanto conozco, y consigo experimentar sensaciones que en numerosas ocasiones han hecho palidecer a la mejor literatura, a una buena película o al frenesí de un apasionado orgasmo. 

Porque AMO la música. Porque VIVO la música. Porque cuando toco, me siento CREADOR. Y quizás lo mejor de todo es que crear música significa crear algo efímero, intangible, etéreo, inmaterial, que persigue fines eminentemente estéticos y expresivos. ¿Acaso puede existir algo que nos acerque más a la perfección que la música…? Supongo que antes de obtener una respuesta a esa pregunta aún me queda toda una vida por delante y una infinidad de notas y melodías por sentir… Aunque de momento sea usando sólo una de las seis cuerdas.