Conversaciones bizarras y reales de ayer y hoy (I)

Algo me dice que esta sección va a hacerse un huequito fijo en el blog. Os dejo con una charla de corte existencial entre dos jóvenes vía Whatsapp. Os aseguro que es absolutamente verídica:

 

“+¿A qué sabrán las tubbie-natillas…? ¿Y cómo de bien la chuparía Nuno, la aspiradora elefante…?

-El hecho de que te sepas el nombre de la aspiradora y anteriores referencias a los Teletubbies me hace sospechar de que estás viendo realmente la serie. Y ello me abruma y preocupa.

+Todos los años la veo. Sólo se hicieron 68 capítulos.

-Todos los años, ¿eh?

+Este año aún no la he visto. Pensaba dejarlo para Verano.

-Entiendo.

+Podemos quedar para verla.

-NO podemos. Eres algo así como el clásico chiflado.

+Y nos disfrazamos al verla.

-¿Durante el show?

+Maratón de 12 horas al día.

-¿Las nutrias hacen caca?

+Te puedo prestar el disfraz de Po. Me lo pongo desde los 9 años. Me está un poco estrecho, pero aún quepo.

-DIOS SANTO, sal de mi puta cabeza: ni siquiera eres real.

+Me gusta ver la serie con mi cojín bordado favorito al lado y un tarro de miel. El tarro de miel es para picar, pero no uso cucharas.

 

USO LAS MANOS.

 

 

LAS MANOS DE PO.

 

 

¿Entonces os apuntáis…?

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Del análisis de las temporadas de exámenes y otros sucesos del ámbito universitario

Las temporadas de exámenes implican lidiar con el estrés durante un período de tiempo que a menudo parece alargarse ad infinitum. Ya he perdido la cuenta de veces que me he dicho a mi mismo en estos días: “¿Pero desde cuándo 2 semanas pasan taaaaaan lento?“. Ya, yo tampoco me lo explico, pero de todas las que he encontrado en Internet, esta es la respuesta que más me ha convencido:

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Pero no nos engañemos: lo peor de los períodos de exámenes no es únicamente el estrés inherente al estudio y a la preparación de los exámenes. Porque sí, de acuerdo, tener que jugarse en tan sólo 2 semanas de 4 a 7 asignaturas ya es de por sí una violación anal, pero estoy convencido de que el siguiente recurso visual facilitará enormemente la comprensión de lo que pretendo expresar y si no, os resultará sospechosamente familiar:

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Esta meme ilustra, con jocoso resultado, una situación que no tiene ni puta gracia. O sea, sí: tiene gracia de lo real que es. Pero al mismo tiempo no tiene puta gracia precisamente de lo real que es. Me estoy liando más que un pulpo en una lavadora…

Como todo alumno, te estudias el temario de la asignatura, los contenidos que el profesor considera necesarios para superar su materia. Hasta ahí bien, muy loable y correcto. Acudes al examen, confiando en que los ítems o preguntas recogidos en este, naturalmente, guardarán relación de acuerdo a lo impartido en clase y a lo recogido en el material bibliográfico de la asignatura.

 

Sí, sí: “””naturalmente”””. Claro. Mi polla en almíbar.

Lo que pasa es exactamente esto

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Pero claro, en la UMA son muy listos y hacen bancas en filas y ancladas al suelo para que a no ser que seas El Increíble Hulk no puedas alzarlas por los aires, acción que deseas (NECESITAS) llevar a cabo con todas tus fuerzas con la única intención en mente de que el impacto deje al profesor en un profundo coma y no quede más remedio que dar aprobado general a toda la clase por el desagradable accidente. 

Me gustaría honestamente que en los comentarios confirmaseis lo que digo o que lo desmintieseis desde vuestra propia experiencia, porque cuando ayer mis hermanos refutaron este curioso fenómeno universitario que yo les relataba de primera mano, tuve que hacer un esfuerzo titánico para que no me pasase lo que al bueno de Homer: 

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Prepararte un examen a sabiendas de que si al profesor le da la gana va a haceros la guaña del siglo más que doler, indigna. Pero es que después viene la segunda parte: la corrección.

Vengo de una carrera en la que el 80% de los exámenes son de tipo test. El formato de algunos de ellos permite de hecho que una máquina de lectura los corrija ipso facto. Partiendo de esta base, todo debería ir como la seda, ¿Verdad? Aish… La universidad es oscura y alberga injusticias aterradoras…”

Si algo he aprendido en la carrera es a ir SIEMPRE a una revisión de un examen suspenso. Porque si has aprobado un examen y quieres ver tus errores y aprender de ellos, estás en tu derecho, pero si lo has suspendido la cosa cambia y mucho. Ahí “aprender” y “derecho” son términos nimios, sin significado. En esa confrontación en el despacho con el Final Boss, en ese duelo sin tregua no existen el honor ni la rendición.

Pero los profesores son agentes del Mal y yo mismo me he enfrentado a casos en los que me han corregido aciertos como errores. Canallas. Malvados. Marditoh roedoreh. Y contraatacan improvisando una perorata insostenible, confiando en que te darás por cachis, todo con tal de no darte ese 0,2 puntos que son tuyos y que te han arrebatado por un “error de corrección”.

-Bueno, total, si 0,2 puntos no te van a cambiar nada…

+… Tengo un 4,9 -.-´´

-… Es que verás… Si yo por mí te aprobaba, tú lo sabes, pero

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A pesar de todo, con las tramperías del profesorado no acaba la agonía. La parte jodida es el agotador enclaustramiento. Concretamente en esta tanda de exámenes me he visto obligado, repito, obligado, a despejarme. Porque uno está quemado y amargado a lo bestia, y no sólo por asuntos de índole exclusivamente académica. Yo ya aviso que el Jueves, cuando sea libre, será un momento impagable y bello. Y que sí, que ya cuento con que me espera un Verano de mierda hasta el cuello, y sé de sobra que el resto de mis problemas no van a solucionarse por tener más o menos exámenes, pero necesito un poco de calma, relax y disfrute que sólo unas vacaciones pueden otorgar. Y fiesta, maldita sea. Pero sobretodo, desconexión de todo lo malo, aunque sólo sea por unas horas.

 

Eeeen fin, espero que os hayáis sentido identificados con el post y por encima de todo que hayáis disfrutado leyéndolo tanto o más como yo al escribirlo. Me vuelvo a mi cueva a seguir estudiando: ¡Ya queda menos! 

SANDCASTLES

 

 

 

 

 

Minientrada

Blog nuevo, corte de pelo nuevo

“Lo siento en el agua…

Lo siento en la tierra…

“Lo huelo en el aire…”

Pues serás tú, Galadriel, bonita, porque lo que es yo, el calor del Verano lo siento especialmente en lo que viene siendo la cabeza. En el pelo, si nos ponemos tiquismiquis.

Por eso, y como habréis podido deducir por el título de la entrada, hoy me he cortado el pelo. Ya tocaba, las cosas como son, así que a eso del mediodía me he llegado a… a…  a una peluquería del barri… Qué coño: He ido a pelarme a… El Corte Inglés.Image

Vale, vale, vale. Antes de que empiece el sanguinario apedreamiento en homenaje a La vida de Brian dejad que me defienda. O que lo intente. O algo, yo qué sé.

Veamos: ¿Por dónde empezar…?

 

Ah, sí. No: no soy pijo.

 

Sí: me corto el pelo en El Corte Inglés.  

 

Sí: es caro. Lo admito.

 

Vale, quizás sí es para apedrearme pero…

 

Sí: cortan bien el pelo. YA ESTÁ, ESO ES LO IMPORTANTE.

Cuando se desea un bien o servicio, ¿Qué es lo que prima? Yo os lo diré: la calidad del mismo. Yo sé que cortan bien el pelo allí y que si voy probablemente saldré satisfecho, y es por ese trabajo bien realizado por lo que soy uno de los fieles clientes de su departamento de peluquería…

… De El Corte Inglés, sí. 

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Joder, que no es para tanto, exagerados. Os pondré un ejemplo:

Imaginad (y sólo imaginad) que mi organismo me envía impulsos eléctricos que responden a una demanda de uno de los principales reforzadores de la conducta del ser humano. Efectivamente: hablo del sexo. Poneos en mi lugar. No, en serio. ¿Qué haríais?

¿Ganar unos minutos de dudosa satisfacción física a cambio de una ETS del tamaño de Madagascar que se agazapa entre los muslos poblados de varices de una prostiputa de incierto origen que transita las calles de mi ciudad haciendo alarde de unas dotes de seducción de dudosa eficacia…? 

¿O por el contrario, acudir a un selecto y perfumado club para caballeros y gozar del trato del personal que hace posible que el negocio funcione (ojo, que allí trabajan directivos del más alto standing, que sólo nos fijamos en lo que nos interesa…) y cómo no, de los sensuales servicios de las taimadas señoritas del local de esparcimiento, entrenadas en 1001 formas de excitar los sentidos…?

¿Qué pasa? Que en este caso no hay color, ¿no? Pues yo sé que me tratan como a un Dios egipcio allí y que si voy seguramente saldré satisfecho, y es por ese trabajo bien realizado por lo que soy uno de los fieles clientes del departamento de putas de El Corte Inglés.

Pero para el post que nos ocupa, hablábamos del de peluquería, que ha hecho un trabajo encomiable. Mira si son majos que en cuanto la peluquera se ha percatado de lo mucho que me toca los cojones que me hablen mientras me cortan el pelo ha hecho cremallera. Un detalle por el que vale la pena pagar un plus, sí señor. Y que el argentino cabrón de mi barrio no conoce.

Y atención, porque he vuelto a tener uno de esos episodios de silenciosa agonía. Me vais a entender en seguida: ¿No os pasa que en determinado punto del corte teméis por el resultado? Es como que hacen algo con las tijeras, con la maquinilla, con las otras tijeras (ya sabéis que los peluqueros usan dos tipos de tijeras: las que cortan y las que hacen como que cortan pero no, y que, contra todo pronóstico, generan en la mente del cliente la expectativa ficticia de que los romos filos del artefacto generan un efecto tope cool en su cabello), con yo qué sé qué, que pone en peligro todo el proceso. Es un “pero si ibas bien, coño, ¿Qué has hecho desgraciado?” en toda regla. El miedo se adivina en tus ojos, la cara palidece, el corazón se olvida de bombear… Es espeluznante, la verdad, se pasa mal. Ves, eso no me ha pasado nunca en el departamento de putas…

Menos mal que la mujer se lo ha currado y me ha dejado muy perita al final. Así que no seáis así y daos un caprichito de tanto en tanto en cualquiera de los muchos y válidos departamentos de El Corte Inglés, coño. Os sorprenderíais.

Además, que se me olvidaba, la peluquera ha trabajado bajo una considerable presión extra, porque le he dicho que me tenía que dejar guapete para la semana que viene, que es la graduación de mi facultad y uno no puede ir hecho un adefesio. Y oye, ha hecho todo lo que estaba en sus manos (en su par de tijeras, vaya) para evitar que el viernes que viene sucediese esto:

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