Ríe la araña

Ríe la araña, al escuchar el peculiar sonido que producen sus hilos de seda al tensarse bajo el peso de un nuevo recién llegado. No sin impaciencia, se relame sin necesidad de disimular su hambre voraz.

Ríe la araña, al dejar la comodidad de su guarida y recorrer con sigiloso paso su formidable arquitectura que sirve con igual efectividad de trampa y de refectorio.

Ríe la araña, dándole la bienvenida a la mosca por tan inesperada visita: 

-“Qué honor que dediquéis uno de vuestros tan atesorados (y escasos, permitidme la osadía) días a una anfitriona tan humilde como yo… Me siento halagada…“.

Forcejea la mosca, cautiva en su presidio, a medida que el peligro se aproxima con la celeridad que sólo ocho extremidades milimétricamente acompasadas pueden propiciar. Lucha por liberarse de la red en vano, a sabiendas de que su sentencia final permanece vedada tras esa sonrisa ladina.

Prosigue la araña, disculpándose mientras juega distraídamente con una de las ataduras:

-“… Pero entended también el compromiso en el que me situáis, señora mosca: Si tan sólo me hubieseis comunicado con algo más de tiempo vuestra intención, podría haber preparado algún bocado digno de vuestra cortesía. Y si no me creéis, mirad a vuestro alrededor: no tengo nada de provecho que pueda ofreceros…

Tiembla la mosca, al identificar los cadáveres que hasta entonces creía informes guirnaldas adornando la telaraña: apenas los restos de algún cascarón roído y algún ala desmembrada a medio carcomer. Al presenciar la visión de su propio futuro, le suplica a su desbocado corazón que deje de latir el tiempo justo para no tener que experimentar el más funesto de los destinos.

Susurra la araña a medida que entrecierra sus cuatro pares de ojos:

-“¿Y si os dijese, señora mosca, que se me ocurre una manera a través de la cual ambas podríamos saciar nuestro apetito al mismo tiempo? ¡Es más, podríamos incluso compartir nuestras impresiones acerca de los matices, las texturas, las intensidades, los aullidos… Los sabores! ¿Qué me decís, acaso no se os antoja una oferta tentadora, una audaz propuesta…?

Llora la mosca desolada, víctima de la violación y de la impotencia. Se culpabiliza con motivo de su debilidad y de su torpeza y maldice su sino por haber nacido mosca en un mundo infestado de depredadores. Sabe lo que le espera, pero le aterroriza aún más el hecho de saber con certeza que en lo más profundo de su ser no está preparada para soportarlo.

Se carcajea la araña, y chasquea finalmente con sus afilados colmillos:

“-Así pues, riamos juntas, señora mosca. Por toda la eternidad.”

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