Zorro

Zorro vino al mundo como uno más de los seres que abrazan la vida por puro instinto aún sin haberla deseado.

Zorro tuvo suerte: nació en el seno de una familia de raposos astutos y de buenas intenciones para con los demás . Durante su período como cachorro, nada le faltaba a Zorro y disponía de cuanto precisaba. La inmensa frondosidad del Bosque le resultaba todavía desconocida, pero su madriguera era profunda, cálida y confortable. Se esperaban grandes cosas de Zorro, pues en él se depositaban buena parte de las esperanzas de su clan, y él había desarrollado una fuerte consciencia de sí mismo y de su potencial. 

Hemos mencionado que Zorro provenía de una estirpe astuta, y fue precisamente de allí de donde heredó Zorro su inteligencia y madurez… Y fueron ambas las que avivaron en su interior un fuego que sigue ardiendo y que no ha menguado desde entonces: la curiosidad. Y fue precisamente esta la que le llevó a dejar la comodidad de su hogar y a internarse en lo más profundo del Bosque antes de tiempo.

Y es que, si bien Zorro era feliz en su madriguera con los suyos, ya hacía tiempo que en él había despertado el afán de conocer el Bosque, de nutrirse directamente de él y de su conocimiento, de vivir aventuras, de conocer a sus moradores, de ser parte del todo y de ver qué existía más allá de los límites de su cubil… Pero como ya hemos advertido, con demasiada precocidad.

En su audaz vagar por la hojarasca del Bosque que se abría al fin ante él, Zorro topó con Ciervo. Acostumbrado a moverse entre áreas seguras y controladas, Zorro se presentó tímido y precavido en este primer contacto con el ser de la foresta: ya por aquel entonces prefería ir con sigilo a abalanzarse con las fauces por delante. Sin embargo, en esta ocasión, Zorro abandonó su escondite y se mostró ante los ojos de Ciervo, cuya mirada parecía siempre otear más allá de los árboles, las rocas y los ríos, penetrando más allá de los confines del Bosque mismo. Y nuevamente, contra todo pronóstico, Ciervo no emprendió la huida ante la presencia del depredador anaranjado. Desconcertados el uno por la reacción del otro, procedieron a aproximarse, se olfatearon e incluso jugaron juntos durante varias semanas. Se convirtieron en compañeros y forjaron un lazo. Y, eventualmente, Zorro llegó a convencerse de que el Bosque era, tal y como había pensado durante muchas noches cobijado en su madriguera, un Edén, un remanso de paz, bondad y, ¿por qué no? felicidad. 

el ciervo 2

Fue entonces cuando sobrevino la primera cornada.

No supo ni cómo ni por qué, pero en mitad de uno de tantos días de recreo, las astas de Ciervo hendieron en la carne de Zorro. La sangre manó profusamente, pero la disculpa de Ciervo por el aparente accidente y el perdón de Zorro bastaron para que el trágico asunto no cobrase más importancia de la que tenía. Pero antes incluso de que la herida sanase, el filo de la cornamenta refulgió por segunda vez durante apenas un segundo en mitad de la oscuridad de la noche. Y esta vez, quizás por la furtividad de la estocada, quizás por el dolor residual del primer ataque, quizás por la traición que se percibía en el acto… Zorro fue herido de gravedad. Con la visión nublada y al borde del colapso, rechazó a Ciervo gruñendo y mostrando los colmillos amenazadoramente. Y cuando se vio al fin libre de todo peligro, se dejó caer en la tupida hierba teñida de carmesí y se sumió en un profundo sueño del que tardó varios días en despertar.

El regreso al lejano hogar fue una calamidad para Zorro: sin la atención adecuada en el momento adecuado, no sólo sus heridas cicatrizaron mal: también le marcaron de forma indeleble para el resto de sus días. No volvería a cazar con la misma precisión que hasta entonces había demostrado, sus patas ya no aguantarían correr largas distancias sin sentir fatiga y dolor, su olfato se había atrofiado y su oído ya no le permitía diferenciar el canto de las aves más deliciosas de las menos suculentas. Y, por encima de todo, sintió el miedo y la decepción. Miedo hacia lo desconocido que yacía oculto tras la infinidad de ramas y maleza del bosque y que podía ocasionarle cualquier tipo de daño. Decepción por la traición de Ciervo y por su propia ingenuidad, tan característica de cualquier cachorro que se precie.

Durante la travesía, el dolor, sumado al impulso de rendirse debido a la severidad de sus heridas, hizo mella en su cuerpo y en su espíritu, y esta sería una constante en su futuro porvenir. En un par de ocasiones estuvo realmente cerca de ser besado en los labios por la Dama Muerte, pero el instinto de la vida se antepuso y le insufló fuerza desde lo más profundo de su ser. Finalmente, llegó a la madriguera esbozando entre jadeos una sonrisa amarga y cansada que sería su signo de identidad durante largo tiempo. Su familia le recibió con los brazos abiertos y lamió sus heridas en vano, pues las astas de Ciervo, como sus ojos, penetraban más allá de lo que podía distinguirse en superficie. Cuando se hizo un ovillo y logró descansar plácidamente en lo más recóndito de su madriguera, le sorprendió percatarse de lo mucho que había añorado su refugio a lo largo de los tormentosos días a la deriva.

Los años pasaron y Zorro creció y aprendió de su experiencia con Ciervo, pero a un elevado precio. Su carácter, otrora resplandeciente y colmado de esperanza, se tornó sombrío y áspero a causa del sufrimiento resultante de la lección del Bosque.

Hermano Zorro, quien siempre había profesado gran amor y atención hacia Zorro, le informó de que conocía a alguien de confianza que podía ayudarle a atravesar la dura etapa existencial que se encontraba recorriendo. Aun a pesar de su desinterés, y de dudar de que pudiese existir algún ser benévolo en el Bosque tras su historia con Ciervo, Zorro aceptó la proposición de Hermano Zorro 

Al alba del día siguiente, los dos canes dejaron la madriguera y trotaron dentro de los límites del dominio del clan, para evitar a otros depredadores y peligros del Bosque. Y entonces, Hermano Zorro presentó a Serpiente. Zorro nunca había conocido a ningún ser remotamente parecido a Serpiente y la impresión que el reptil causó en él fue profunda y notable. Por su parte, los afilados ojos de Serpiente se estrecharon más que de costumbre cuando se posaron en el rostro todavía demacrado de Zorro. Cuando este le preguntó a Serpiente si quería unirse a él como compañera de viajes para explorar el Bosque, por toda respuesta, la bífida lengua del ofidio siseó resonando en todo el páramo.

bmamba1

Zorro y Serpiente se convirtieron en más que camaradas durante sus días y sus noches mientras descubrían y se maravillaban con los secretos del Bosque. Como lo hizo en su día con Ciervo, Zorro encontró en Serpiente su razón de ser y el Bosque comenzó a perder interés para él. Peor aún: Serpiente se convirtió en el nuevo Bosque de Zorro. Y, cuando la ladina Serpiente supo que era el momento perfecto de descubrir su auténtica naturaleza, mudó su piel escamosa e hipnotizó a Zorro con un poderoso embrujo para a continuación morderle en el cuello con sus colmillos rebosantes de veneno. Y cada vez que la ponzoña se diluía en su sangre, el espíritu de Zorro se quebraba más y más. Fueron tantos los embrujos, que Zorro llegó a hipnotizarse a sí mismo por puro hábito: así de bien conocía ya las palabras mágicas de Serpiente. Fueron tantas las dentelladas, que Zorro se volvió adicto a su intenso veneno. Serpiente se convirtió en la droga de Zorro, una droga tan potente, que incluso a sabiendas de que se había transformado en poco más que un títere, no podía luchar contra la tentación de resistirse a la influencia del tóxico. 

Y por fin, un venturoso día, Serpiente se fue de la misma forma que llegó: reptando sigilosamente y sin dejar rastro. Quizás olfateó una presa más sabrosa, quizás sencillamente se cansó de morder el mismo cuello una y otra vez. Fuese por la razón que fuese, Zorro era libre, pero volvía a encontrarse al límite de sus fuerzas. Y en esta ocasión, llegó a sentir como los huesudos dedos de Dama Muerte acariciaban su hocico con gélida ternura para poco después esfumarse súbitamente.

Hermano Zorro lo encontró extenuado al borde de un acantilado y lo cargó en su lomo durante toda la vuelta a casa. Una vez logró despertar, Hermano Zorro se disculpó por todo lo acaecido con Serpiente y asumió toda la responsabilidad de su error. Pero Zorro entendió que el error sería no extraer ninguna enseñanza de ese capítulo de su vida y que él mismo había sido responsable al ser consciente del daño que se estaba infligiendo al exponerse ante un veneno a cuyos efectos parecía no ser capaz de inmunizarse. Esta vez la sanación de sus terribles heridas tomó menos tiempo del esperado: a fin de cuentas, el Bosque estaba volviendo a Zorro más fuerte, más resistente y más sabio. Eso, o que se estaba acostumbrando con sorprendente facilidad al dolor y al sufrimiento…

En una de sus tantas jornadas de cacería, Zorro llegó a un claro del Bosque que no conocía. Fatigado por el ejercicio, se acercó a las aguas de un arroyo cercano para saciar su sed cuando de pronto le interrumpió un sonoro graznido. Zorro elevó la vista y descubrió a un ave de gran tamaño al otro lado de la orilla. Garza sabía que tenía ante sí a un depredador y conocía bien la astucia de los raposos: un descuido podía costarle la vida… Y sin embargo se veía demasiado absorta como para emprender el vuelo. En cuanto a Zorro, desconocía por qué, pero su capacidad para confiar en el resto de seres del Bosque, que ya creía agotada debido a sus desafortunadas experiencias con Ciervo y Serpiente, brotó de su interior a borbotones con inusitada fuerza. Estuvieron contemplándose durante un prudencial lapso de tiempo divididos por el torrente hasta que finalmente comenzaron a dialogar el uno con el otro. Y descubrieron que tenían poco o nada en común entre ambos, y que, sin embargo, se atraían mutuamente. Pero eran tantas las diferencias… Garza no disponía de patas con las que correr, ni siquiera de colmillos. Zorro no tenía alas con las que volar, ni pico con el que atrapar los peces como hacía el ave. Intentaron bordear el río con todas sus fuerzas, pero sus aguas eran demasiado caudalosas y profundas. Con todo, a base de buena voluntad y amor, lograron anteponerse a las enormes diferencias que los separaban y gozaron de una feliz etapa juntos. 

garza-blanca-CB-11-2005-e1292113052293

Fue entonces cuando Garza cayó víctima de una grave enfermedad.

Zorro hizo cuanto pudo, pero sus esfuerzos resultaron en vano ya que nada podía hacer desde su ribera por Garza y, en lo referente a ella, estaba demasiado débil como para experimentar mejora alguna. La incapacitante enfermedad de Garza se mantuvo durante un largo tiempo y no fue tarea fácil mostrarse fuerte en los momentos especialmente críticos. La situación de Garza dificultó la relación que mantenía con Zorro y se acabó generando una nociva dependencia entre ambas criaturas. Sin embargo, los esfuerzos de Garza acabaron dando sus frutos y, lentamente, su estado comenzó a estabilizarse y a recuperar la salud. Ilusionado por el giro de los acontecimientos, Zorro pensó que todo volvería a como era antes, pero se equivocaba: los estragos de la enfermedad habían cambiado a Garza, quien había decidido fortalecerse a sí misma y por sí misma para no tener que volver a depender de Zorro ni de nadie más.

Llegó el Invierno, y con él sus vientos, que enfriaron las aguas del arroyo y el vínculo entre Garza y Zorro. Sin importar el qué ni el por qué, las cosas habían cambiado con los años. Quizás fue Garza. Quizás fue Zorro. Quizás fueron ambos. Quizás fue el Bosque.

Agotado por dentro y por fuera, Zorro abandonó el claro por primera vez en mucho tiempo. Su corazón albergaba demasiadas dudas y demasiado dolor y corrió sin rumbo fijo durante meses: nunca había estado tan confuso y perdido. Desesperado por la situación, desandó sus pisadas para volver junto a Garza. En ese momento de debilidad deseó de todo corazón poder ignorar las diferencias, el cauce insalvable del río, la enfermedad de Garza y todo cuanto había cambiado.  

En el preciso momento en el que llegó, ya era demasiado tarde: con el batir de sus alas, Garza remontaba el vuelo para dejar el claro para siempre. Zorro aulló angustiado durante horas y Garza guardó silencio durante horas: la decisión estaba tomada y era irrevocable. Zorro entendió enmudeciendo por fin y Garza se alejó hasta perderse en el horizonte. No era un final digno de su capítulo, pero era un final que estaba escrito desde hacía ya mucho tiempo. Desde antes incluso de que llegase el gélido Invierno. Resultó ser la mejor de las posibilidades: sus diferentes naturalezas los apartaban más que todos los ríos del Bosque juntos.

 

Ha pasado el tiempo y hoy Zorro tiene un nuevo compañero: Chacal. 

Como autor de este cuento, que aún ahora sigue escribiéndose, les deseo lo mejor a Zorro y a Chacal a medida que corren, juegan y aúllan por el Bosque. Ojalá que bebáis hasta la última gota de sus ríos, degustéis hasta la última de sus frutas, olfateéis hasta la última de sus fragancias, piséis hasta la última de sus briznas de hierba y escuchéis hasta la última de sus melodías.

Y cuando al final, después de todo, el Bosque ya no guarde más secretos para vosotros dos… Viajad y explorad otro Bosque. Uno que sea aún más grande y maravilloso que este.

Si es que acaso existe.

009-new-life

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s