La añoro

No os podéis ni imaginar cuánto la echo de menos. Cuánto añoro cómo me hace sentir. Cómo a pesar de la distancia no me falla nunca, como siempre está ahí para mi, dispuesta para lo que sea que necesite: para soportarme, para consolarme, para escucharme, para divertirme, para ser mi compañera más fiel, en las buenas y en las malas… Soy muy afortunado de tenerla.

Hemos tenido nuestros más y nuestros menos, claro, ¿y qué pareja no? Pero lo importante es que al final del día, cuando me cubro con las sábanas, en lo único en lo que puedo pensar antes de dormir es en poder tocarla al día siguiente, en poder compartir sonrisas, sudor y lágrimas con ella. Porque el nuestro es un viaje de ensayo y error, una senda que recorremos juntos, aprendiendo y creciendo. Y al final, cada tropiezo, cada escollo, nos acaba siendo devuelto en forma de recompensa y todo el sufrimiento y la frustración merecen la pena.

Con el tiempo, nos hemos acabado conociendo muy bien el uno al otro y hemos estudiado a conciencia qué nos gusta más y qué nos gusta menos… Y lo mejor es que siempre estamos dispuestos a mostrarnos flexibles y a adaptarnos para hacernos felices el uno al otro. Es TAN poco lo que ella demanda de mi y TANTO con lo que me obsequia… Que a veces pienso que nuestra relación está descompensada y que ella da más de lo que recibe. Pero luego hago examen de conciencia y admito que mi papel en nuestro vínculo es tan relevante como el suyo pues soy yo casi siempre quien la busca, quien la tantea, quien la corteja y quien la ama con el cuerpo, con la mente y con el alma. Qué puedo decir: estoy enamorado hasta la médula de ella…

 

Y es que, está mal que yo lo diga, pero se merece a un tipo como yo, que la atice golpe a golpe, con violencia, hasta el último aliento y que no pare ni cuando ella parezca a punto de quebrarse. Y no tengo reparos en qué usar para que mi amor llegue a ella: las manos abiertas, los pies, palos… Lo que sea con tal de demostrarle qué siento cuando estoy a su lado. Y ella recibe y acepta los gestos con satisfacción, porque sabe mejor que nadie que pongo toda mi pasión y dedicación en cada golpe, aunque más que golpes sean caricias producto de mi arte y que son la forma que mejor conozco de expresar el torrente de sentimientos que inunda mi corazón al compartir momentos de tanta belleza. Algún día debería invitaros para que asistáis personalmente a la consumación de nuestro pletórico acto sexual, rebosante de violencia, de lujuria, de visceral frenesí. Y no os permitiría que dejaseis la sala hasta que escuchaseis cómo el orgasmo escapa de mis labios bajo la forma de ese febril suspiro que siempre profiero y sin que el espectáculo no estaría completo.

 

Ah, amada mía… ¿Durante cuánto más tiempo habremos de estar separados? Siento que si no te doy una de mis palizas voy a ser pasto de la desesperación. Debes sentirte sola, triste, pesarosa, abandonada… No quiero ni imaginar tus heridas cicatrizando, me pongo enfermo y me hierve la sangre de sólo pensar que no te estoy profesando el amor que me inflama cada vez que pienso en ti. Prometo que pronto iré en tu busca y en menos tiempo del que crees estaremos juntos para no separarnos nunca más. Nunca más, te lo juro. 

 

Siempre tuyo:

Tu amado intérprete.

 

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