Oda al Limoncello

En noches como esta, adoro el sabor de un buen Limoncello tras las cenas en mi chalé en compañía de mi querida familia. De hecho, no se me ocurre forma más perfecta de rematar un día tan grandioso como el de hoy.

Llamadme pijito, llamadme sibarita… Pero el tan cacareado licor de limón siempre me resulta especialmente grato en Verano y me recuerda a aquel primer ciego que me cogí en Italia en ese ya lejano Viaje de Estudios de 4º de ESO del que tantos buenos recuerdos guardo. Por ello mismo creo que, pese a que el primer chupito siempre sabe a Nenuco, a que su aroma es penetrante e intenso como pocos y a que las borracheras que se pillan con él resultan especialmente traicioneras… Pese a todo ello, siempre recibo al Limoncello como a un viejo amigo al que no veo desde hace años. Uno de estos de los que quizás no estén ahí pase lo que pase a través del tiempo, pero que siempre deja una huella grabada a fuego en el corazón. O en el hígado. O en ambos. Y claro, cada encuentro es digno de la más excelsa celebración…

 Y es que sí: el Limoncello es, grosso modo, como una persona. Y como persona bajo la envoltura de líquido elemento, no puedes dejarte guiar por las primeras impresiones, que todo sea dicho, suelen echar para atrás en su caso particular, pero oye, conforme lo conoces (lo bebes), vas percibiendo sus virtudes, sus carencias, su actitud, su humor… Y acaba resultando irremediablemente encantador. Quizás sea porque hay que adaptarse a su exótico sabor con cada sorbo que se da, o porque siempre me electrocuta la boca con ese mágico calambre que me adormece la lengua de forma placentera y narcótica. O quizás es que mi hermana y yo somos capaces de bebernos botellas y botellas del cítrico elixir siempre y cuando las carcajadas hagan acto de presencia, oferta que nunca se atreven a declinar. Y qué carcajadas, madre. De antología.

 

No sé a quién culpar, si a mi estado de embriaguez o a que el júbilo merma mis capacidades para escribir, pero hay que decir que el Limoncello hoy me ha sentado mejor que nunca. Y sería ladino por mi parte negar que el brebaje de la Toscana potencia la melancolía y la nostalgia que desde siempre fluye por mis venas, pero relajémonos, porque no siempre la melancolía estrangula y no siempre la nostalgia angustia. Hoy es día de celebración y podría beber y beber y beber… No para olvidar, sino para crear nuevos recuerdos de ácido e impredecible sabor. Hoy me gustaría que el alcohol poseyese mi cuerpo y que lo hiciese despertar de su letargo, que lo volviese salvaje, instintivo, puro. Y reír, y bailar, y caer, y resurgir. Para al día siguiente, despertar con una resaca de mil pares de cojones y poder decir…

 

“Mereció la pena”.

 

Divino Limoncello: brindemos por muchos más encuentros memorables en el interior de copas de cristal en lo que resta de Verano. Y que este éxtasis dure lo que tenga que durar, que ojalá sea mucho y con la intensidad de tu cítrico sabor. Que te maceren bien, amigo mío, que yo aquí te espero impaciente por degustarte.

limoncello

 

 

 

 

Anuncios

Del tiempo

Los días pasan. Parece como si de pronto se hubiesen dado cuenta de que estaban perdiendo su carrera contra el tiempo. No, no pasan: huyen, se esfuman sin dejar rastro, vuelan.

 

O a lo mejor no. A lo mejor siempre transcurren así y soy yo el que se encuentra volando con alas prestadas. Dicen que el tiempo es relativo, que es una actitud, cuestión de perspectiva, que sólo cuando te abstraes de todo y contemplas Ítaca desde lo alto de una verde colina es cuando consigues comprender de verdad la belleza de sus calles, la simpatía de sus gentes, la fragancia de sus perfumes, la magnificencia de sus edificios, el júbilo que emana de su mercado, el blanco del nácar de ultramar, el púrpura de la amatista, la sangre que fluye por el interior de los rubíes…

 

Y entonces empatizas con Ulises y entiendes por qué pese a todo lo obtenido y encontrado en sus 1001 aventuras deseaba con tanto ahínco volver a su Ítaca amada por encima de todo. Pero esto que leéis no nada de lo que el genio Kavafis no haya escrito en el pasado con mejor pluma y con mejores palabras que un servidor.

 

No miento si os digo que ya no sé en qué día vivo: no parezco darme cuenta del tic tac que el padre tiempo hace tañer en su campana de forma indefectible ni de cómo no da a fiar ni un mísero segundo, que para él significa tan poco y para nosotros tanto. Supongo que debe ser un efecto secundario del Verano esto de que el tiempo escape a velocidad de vértigo y te deje todo despeinado y estupefacto.

 

Y con todo, no sería justo dejarse en el tintero esos movimientos pendulares de las agujas del reloj que parecen durar un eón, acaso una eternidad condenada al olvido del recuerdo. Y atesoro esos siglos condensados en lo que dura un segundo, que suelen sincronizarse con la colisión de miradas de hielo y miel, y con palabras asesinadas prematuramente por un silencio frío y calculador que nunca deja títere con cabeza. 

 

Es divertido, si lo consideráis con detenimiento: es casi como si el tiempo fuese consciente de que alargar esos grandes momentos significase atentar contra la magia de estos instantes, casi como si dijese: “Disfrutadlos mientras podáis, que son los más importantes y una vez vividos no se admiten devoluciones de ningún tipo”.

 

Viejo egoísta, si yo pudiera almacenar esas vivencias las metería en un cofre engarzado con el nácar, las amatistas y los rubíes de Ítaca y lo escondería muy lejos para que cuando fuese viejo (tanto o más que el propio tiempo) los volviese a encontrar en una isla perdida. Y una vez desenterrado, me bebería todos y cada uno de los frascos de mi vida y me emborracharía con mis propias lágrimas hasta el último aliento. Pero ¿sabéis? Al menos moriría con una sonrisa esculpida en los labios. ¿Que por qué…?

 

Porque por una muerte así, amigos míos…

Por una muerte así si que pagaría gustoso con la vida.

THE_HERMIT_by_zepphead

 

Vídeo

THE SONG OF THE DAY: I Belong To You / Mon Cœur S’ouvre À Ta Voix – Muse

La mayor lección que recibí hace un par de años cuando comencé a escuchar a conciencia a Muse fue que para juzgar algo con propiedad más te vale dedicarle antes una oportunidad. Yo era de los que tan sólo se habían molestado en escuchar sus mayores hits, sin atender al resto de su producción, pero con el debut de The 2nd Law, su último disco, decidí que era buen momento para empaparme con la discografía del trío británico y así poder generarme una impresión fiable y objetiva de su música. Y quedé sorprendido, porque dentro de que las composiciones del carismático Matt Bellamy guardan entre sí un estilo cautivador y que derrocha personalidad por los cuatro costados, las pocas canciones que había escuchado hasta el momento de Muse me sonaban siempre iguales, poco variadas, cansinas y redundantes hasta que logré “educar” mi oído a la fórmula musera. Y, oye, de pronto entendí de golpe porque ese éxito, por qué Muse calaba en todo tipo de público. Hay que reconocer que son a día de hoy uno de los grupos más magnéticos que existen dentro de la industria musical si bien me permito dudar acerca de que algún día vuelvan a rayar la perfección como hicieron con ese magistral Origin of Symmetry parido en 2001 y del que aún sigo siendo objeto de embrujo.

 

I Belong To You/Mon Coeur S’ouvre À Ta Voix, forma parte de The Resistance, el disco con tintes más poperos y el más puteado por la base de fans (en mi opinión, esto último de forma inmerecida) y es una de las canciones más optimistas y buenrrolleras que tiene el grupo. Los juguetones acordes de piano me hacen sonreír casi al instante cuando se unen los diversos elementos de la batería de Dominic Howard y el delay del bajo de Chris Wolstenholme. Y jodido Bellamy, qué voz, qué uso del falsetto, ojalá algún día pueda escuchar en directo el poderío vocal de este sobresaliente y joven músico que tantísimo bebe de la influencia de mi intocable Jeff Buckley, de quien os hablaré próximamente.

 

Con el golpe del gong, los coros se apagan sólo para dar paso a la breve e íntima sonata de piano de Bellamy, quien simultáneamente nos habla del amor cantándonos en perfecto francés. Las cuerdas se unen potenciando la expresión del sentimiento y ya está, lo han conseguido: la puta piel de gallina. Y cuando parece que la canción ya no puede ascender más y que se va a desinflar, el riff principal resurge de sus cenizas como un Fénix bajo la forma del discreto pero intenso solo del clarinete bajo. No he estado en Francia, menos aún en su capital, París, pero cuando escucho esta canción y cierro los ojos juraría que estoy paseando por una de sus transitadas calles en medio de un soleado día libre de nubarrones. Supongo que hoy me siento así: franchute y eufórico. Aprovecharé pues el colocón de endorfinas.

De síes y de noes

Probablemente la causa de mayor frustración que experimenta el ser humano a lo largo de su vida es la fútil búsqueda en pos de la felicidad perpetua. Digo fútil porque, como todo lo existente, nada es eterno ni está libre de ser afectado por el tiempo o por el cambio y eso es ley de vida. Y una bien jodida, pero que urge internalizar por y para nuestro propio bienestar y cuanto antes asimilemos esta lección, mejor.

 

¿A qué queda aferrarse entonces en esta oscura senda de sufrimiento a la que llamamos vida? A las chispas de luz que de tanto en tanto alumbran fugaz pero intensamente y que nos permiten, durante apenas un instante, tener un punto de referencia y orientarnos a través de las galerías del intrincado túnel. Para mí en eso es, ni más ni menos, en lo que consiste la felicidad: breves destellos que iluminan un camino por lo general lóbrego y arduo y que son tan escasos, tan impredecibles, tan súbitos y que resplandecen con tanta intensidad que hacen que merezca la pena toda la amargura, tristeza, dolor y lágrimas que acechan tras cada sombra del trayecto. 

 

¿Y a qué viene todo esto? A que, para qué negarlo, llevo una racha de tres días consecutivos geniales y me aventuraré a usar el término prohibido: felices. Y oye, hay que señalar lo malo, pero también lo bueno. Y es de biennacido ser agradecido y por eso escribo esta entrada.

Pero al caso, mis tres últimos días han sido tal que así:

Pasé un gran día con mi hermano hace 2 Lunas y aprovecho para recomendaros la película que vimos: The Sunset Limited, con Samuel L. Jackson y Tommy Lee Jones, y paso de decir más porque todo lo que añada ahora mismo sólo conseguirá mancillar el sensacional y atípico filme el cual, por cierto, es casi imprescindible de ver en V.O.S.E para su absoluto disfrute. Voy a ser majo y os voy a dejar aquí el enlace de la película completa en Youtube:

Por lo demás, hicimos poco o nada y con todo fue un día redondo como una plaza de toros.

 

Ayer tocaba quedar entre amigos para un poco de despiporre. Y es que al final uno viste con sus mejores galas para estar guapete para el deleite de sus colegas aunque sea en un piso tirados más que para lucirse en el centro: eso es lo que nos hace tener auténtica clase. Y es que, gracias al ron y al vodka, la lectura en voz alta de Harry Potter y el Prisionero de Azkaban se convirtió en la novela erótica más picante de todos los tiempos. Qué puñetero descojone. Amén del maquiavélico juego que más finos nos dejó: responder con el adverbio afirmativo y/o negativo suponía ser castigado con chupitos que se acumulaban con una facilidad pasmosa y terriblemente destructiva. Juego tonto donde los haya, correcto, pero su efectividad demostró ser incuestionable. Las trampas, los ardides, la Psicología, el uso del entorno y el contexto… Las posibilidades son ilimitadas cuando se trata de que tus colegas se tajen hasta las cejas. A mi personalmente me conquistó: me lo apunto para el futuro.

 

Y hoy, día de relax para eliminar el alcohol en sangre, con huevos fritos poco agraciados pero comestibles (que es lo importante), un pozo sin fondo de patatas fritas y siesta, mucha siesta. Me atrevería a decir que la mejor y más cómoda siesta que me he echado en mucho tiempo y una de estas que te dejan nuevo, como recién salido del embalaje. También iba a haber piscina, pero el día sólo tiene 24 horas y hoy la modorra veraniega ha golpeado certera y letal así que queda para el próximo día.

 

Y como veis, tres días con nada de excepcional… ¿O quizás sí…? Mierda, con lo bien que iba: ni un sí ni un no en toda el post y… JOOODER, ya van 3 chupitazos de lo primero que sea que encuentre en el minibar de mi chalé. Me cago en la leche así no se puede…

 

 

Mira, mejor lo dejo aquí y listo porque me conozco cómo acaba esto, ¿vale? ¿Ok? ¿Correcto? ¿De acuerdo? ¿Conforme? ¿Afirmativo?

 

Cualquier cosa con tal de no decir que sí.

 

 

 

 

La madre que me…

 

pileofbottles

Será

Será la pedregosa arena, será el bramido de las olas, será el jugar a las palas en la orilla y el perseguir incansable de la pelota de goma roja.

Será la eterna frustración, será el tedio que viene para irse y que se va para volver, será que estoy enfermo de desgana y el tratamiento ya no me hace efecto.

Será el vertiginoso transcurrir de los días y de las noches, será la ausencia de vodka en sangre, será que me sobra tanto el tiempo que ni me cabe en los bolsillos.

Serán los recuerdos a medio olvidar, serán los altibajos que me zarandean, será la incertidumbre conspiradora, hostigándome doquiera que voy.

Serán las elevadas expectativas, será la duda siempre a caballo entre el sí o el no, será que la cobardía me precede… Y que me gana todos los pulsos.

Serán las violentas pesadillas, será que aún no me he acostumbrado al colchón nuevo, será que, no sé por qué, de momento parece un Verano de cascarilla.

Será el vacío de la soledad, será el empacho de la compañía, será el estar sin estar esté donde esté. 

Será el café a deshoras, será que el viento se fuma mis cigarros sin pedirme permiso, será que la mierda ni coloca tanto ni es tan buena como aseguraban.

Será que ya no consigo acordarme de a qué sabía un beso, será que los abrazos siempre me dejan con ganas de algo más, será que las caricias con dedos ásperos duelen más que alivian.

Será que nunca estoy satisfecho, será que la felicidad es una quimera, será que tanto escribir me está envenenando por dentro y por fuera.

Será la rebeldía de ser joven, será el amilanamiento de ser viejo, será que ya no soy lo uno, pero tampoco soy lo otro.

Será la necesidad de sexo, será que al final va a ser verdad que yo soy mi mejor amante, será que nadie me folla tan bien como mi mano izquierda.

Serán los abruptos contrastes, será la insípida monotonía, será que se me va la vida segundo a segundo y que lo mejor que se me ocurre es despedirla con un hasta luego cuando sé perfectamente que se trata de un adiós de los de punto y final.

Será que no consigo descifrar las señales, será que nunca las hubo, será que pretendo descubrir nuevas constelaciones en el techo de mi habitación.

Será que las lágrimas ya no me saben tan amargas, será que tengo demasiados gritos en la cabeza y demasiados silencios en los labios, será que a la vida le falta más de un tornillo.

 

O será la gente.

O serás tú.

 

Qué demonios: seré yo.

IMG_20140711_021745

La añoro

No os podéis ni imaginar cuánto la echo de menos. Cuánto añoro cómo me hace sentir. Cómo a pesar de la distancia no me falla nunca, como siempre está ahí para mi, dispuesta para lo que sea que necesite: para soportarme, para consolarme, para escucharme, para divertirme, para ser mi compañera más fiel, en las buenas y en las malas… Soy muy afortunado de tenerla.

Hemos tenido nuestros más y nuestros menos, claro, ¿y qué pareja no? Pero lo importante es que al final del día, cuando me cubro con las sábanas, en lo único en lo que puedo pensar antes de dormir es en poder tocarla al día siguiente, en poder compartir sonrisas, sudor y lágrimas con ella. Porque el nuestro es un viaje de ensayo y error, una senda que recorremos juntos, aprendiendo y creciendo. Y al final, cada tropiezo, cada escollo, nos acaba siendo devuelto en forma de recompensa y todo el sufrimiento y la frustración merecen la pena.

Con el tiempo, nos hemos acabado conociendo muy bien el uno al otro y hemos estudiado a conciencia qué nos gusta más y qué nos gusta menos… Y lo mejor es que siempre estamos dispuestos a mostrarnos flexibles y a adaptarnos para hacernos felices el uno al otro. Es TAN poco lo que ella demanda de mi y TANTO con lo que me obsequia… Que a veces pienso que nuestra relación está descompensada y que ella da más de lo que recibe. Pero luego hago examen de conciencia y admito que mi papel en nuestro vínculo es tan relevante como el suyo pues soy yo casi siempre quien la busca, quien la tantea, quien la corteja y quien la ama con el cuerpo, con la mente y con el alma. Qué puedo decir: estoy enamorado hasta la médula de ella…

 

Y es que, está mal que yo lo diga, pero se merece a un tipo como yo, que la atice golpe a golpe, con violencia, hasta el último aliento y que no pare ni cuando ella parezca a punto de quebrarse. Y no tengo reparos en qué usar para que mi amor llegue a ella: las manos abiertas, los pies, palos… Lo que sea con tal de demostrarle qué siento cuando estoy a su lado. Y ella recibe y acepta los gestos con satisfacción, porque sabe mejor que nadie que pongo toda mi pasión y dedicación en cada golpe, aunque más que golpes sean caricias producto de mi arte y que son la forma que mejor conozco de expresar el torrente de sentimientos que inunda mi corazón al compartir momentos de tanta belleza. Algún día debería invitaros para que asistáis personalmente a la consumación de nuestro pletórico acto sexual, rebosante de violencia, de lujuria, de visceral frenesí. Y no os permitiría que dejaseis la sala hasta que escuchaseis cómo el orgasmo escapa de mis labios bajo la forma de ese febril suspiro que siempre profiero y sin que el espectáculo no estaría completo.

 

Ah, amada mía… ¿Durante cuánto más tiempo habremos de estar separados? Siento que si no te doy una de mis palizas voy a ser pasto de la desesperación. Debes sentirte sola, triste, pesarosa, abandonada… No quiero ni imaginar tus heridas cicatrizando, me pongo enfermo y me hierve la sangre de sólo pensar que no te estoy profesando el amor que me inflama cada vez que pienso en ti. Prometo que pronto iré en tu busca y en menos tiempo del que crees estaremos juntos para no separarnos nunca más. Nunca más, te lo juro. 

 

Siempre tuyo:

Tu amado intérprete.

 

IMG_20140709_165202

De la sociedad actual

Esta tarde recordé, de forma inesperada, que hace tiempo, cuando mi cuenta de Ask.fm estaba activa (me temo que llegáis tarde), alguien me formuló una pregunta muy interesante para cuya respuesta tuve que dedicar cerca de un mes de profunda reflexión. Dicha pregunta era: “¿Qué palabra crees que te define mejor?”.

Para los no familiarizados con la red social, ya os informo de que es la que he puesto en negrita es una interrogante algo atípica, al menos desde mi experiencia frecuentando la web mencionada. Habitualmente, los usuarios de Ask.fm tienden a demandar información muy específica y concreta, con el fin de satisfacer sus ansias de morbo y de quedar ahítos de detalles truculentos y/o secretos. De hecho, cuantos más y en mayor intensidad posibles estos detalles, mejor, y creo que es precisamente por eso por lo que me la tomé tan en serio. A día de hoy, creo poder decir que me sigue pareciendo una de las mejores preguntas que me han hecho nunca.

Reducir todo el significado de mi ser, mi identidad, a tan sólo una palabra fue una búsqueda introspectiva ardua e intrincada incluso para mí, hecho ante el que quedé gratamente sorprendido, pues me considero un sujeto en constante autoanálisis y que dedica buena parte de su tiempo a intentar saber quién, cómo y por qué es como es. Entre otras cosas, es por este motivo por el que estudio Psicología.

Lejos de alargarme y de aburriros con todos los posibles candidatos (fueron MUCHOS) en la empresa de establecer la definición más acertada de mi Yo, me decanté finalmente por el adjetivo “incomprendido”. E incluso ahora, echando la vista al pasado, me reafirmo con satisfacción de haber elegido esa palabra y no otra, porque creo que es una buena síntesis de lo que soy y de cómo me siento desde hace ya bastantes años.

Pero al contrario de lo que pueda parecer con estos párrafos, y opuestamente a la línea de lo que se consume en Ask.fm (y en todas las redes sociales existentes, para qué negar lo evidente), no vengo a hablaros de mi ego ni de mi, sino del conflicto entre individualismo y colectivismo y también de las relaciones humanas y de su vasta complejidad en los tiempos modernos.

 

En ocasiones, resulta un esfuerzo titánico poder determinar con precisión dónde acaba el individuo y dónde empieza el colectivo. Especialmente en nuestra sociedad actual, más globalizada, más yuxtapuesta, más simbionte, más, perdonad la redundancia, “social” que nunca en la Historia de la humanidad. Se puede afirmar abiertamente y sin temor a equivocarse que vivimos en la era en la que más difícil es ser uno y en la que más fácil es ser parte del todo. No hablo de que estemos viviendo una paulatina caza de brujas del individuo aislado, (huelga aclarar que la especie humana es eminentemente gregaria y social, hasta ahí estamos, ¿no?), sino de una progresiva extinción de la individualidad del ser humano a favor del progreso del colectivo. A modo de paradigma, es como si hubiésemos dejado de ser hormigueros independientes entre nosotros para haber pasado a formar parte de una mente enjambre total y absoluta y a operar bajo los designios y mandatos de una única hormiga reina.

Tampoco digo que esto haya sido cosa exclusiva del siglo XXI ni una consecuencia retardada de ese “Efecto 2000” con el que tanto miedo nos metieron nuestros mayores. Esto viene de antes, de mucho antes, de siglos atrás. Pero durante las últimas décadas,y estrechamente relacionado con el salto tecnológico, este fenómeno se me antoja cada vez más desorbitado y palpable, como si no conociese límites. Y lo peor de todo es que el único fin a la vista, la única luz al final del túnel, parece ser el del colapso derivado de nuestro propio e insostenible peso.

Atención, no digo en absoluto que este “colectivismo” no tenga sus beneficios, porque están ahí, a la vista de todos. Pero en lo que a relaciones humanas INDIVIDUALES se trata… O me parecen insuficientes, o directamente no los veo. 

Gran parte de culpa de esto la tienen los medios, la tecnología y una entidad incorpórea terriblemente poderosa y que yo personalmente encuentro fascinante: la moda. Y no, no me refiero a la de pasarela, precisamente, si no a las tendencias. Y no, tampoco me refiero a los Trending Topic ni a los Hashtags de Twitter. Me refiero a ese yugo invisible que llega de nadie sabe dónde y que un buen día golpea sin piedad, ejerciendo una presión social devastadora que juzga cómo debes vestir, qué debes comer, qué debes hacer, cómo debes pensar, qué tienes que desear, cómo hay que caminar, a qué marca de perfume tienes que oler… Podría seguir así toda la noche de hoy y todo el día de mañana y aún no sería suficiente. Es la pandemia, la Peste Bubónica de nuestro tiempo. Y esta no ha sido un “castigo de Dios” ni un virus accidental: esto la ha desarrollado el ser humano para ser usado por seres humanos contra seres humanos. Triste pero cierto, como dice la canción de Metallica.

Y ay de ti como desafíes a la moda y nades a contracorriente. Porque si la moda es el himno, el estandarte del ejército, y los medios y la tecnología son la caballería… ¿quién es la infantería? Bingo: la sociedad. Tú y yo. Nosotros. Soldados que se rigen por normas y leyes impuestas desde la cúspide y cuya función es la de conseguir que nuestros semejantes las acaten de acuerdo al plan del sistema. Y el método es efectivo de cojones: si el pastor enseña al rebaño a autorregularse de acuerdo a sus intereses y dictamina qué conductas son adecuadas y cuáles inadecuadas, eso que se ahorra en perros ovejeros. Y el rebaño se implica hasta las trancas, porque placer como el de joder a tus semejantes y hacerles sentir en la mierda… Como ese no hay ninguno.

 

¿Es la sociedad entonces el problema? Rayos no, el problema es hasta dónde ha llegado la sociedad en su frenética caída libre sin frenos, o más bien hasta dónde ha llegado la manipulación de la sociedad. Porque la realidad es que vivimos en una dictamocracia. ¿Y en qué afecta eso a las relaciones humanas, que es a lo que yo me refería al poco de comenzar el post? En todo.

Para bien o para mal, el modelo bajo el que se sustenta nuestra sociedad globalizada es el Capitalismo y la máxima del Capitalismo es elaborar, ofrecer y consumir el producto. Y resulta demoledor reconocerlo, pero con la manipulación, los recursos y el marketing apropiados igual vendes un Iphone… Que a una persona. De hecho ya pasa. ¿Creéis que estoy exagerando? Por favor, sacadme del error y decidme qué puñetas es entonces la exitosa web de adoptauntio.es si no una forma de “comerciar” con personas como producto de consumo. Y he puesto este ejemplo porque es el más transparente de todos con los que me he topado hasta el momento. ¿Queréis aún más ejemplos? Tan sólo tenéis que mirar a vuestro alrededor para comprobar que nos han maleado, que han sacrificado nuestro individualismo para nutrir la carne del sistema, de la sociedad, llamadlo como queráis. Lo que se viene llamando una alienación. Y claro, como siempre tiende a pasar, todo, llegado a determinado punto, se resquebraja si se ejerce la fuerza necesaria.

 

Os invito a quedar con vuestros amigos y a contar, si es que podéis, el número de veces que cada uno de ellos se abstrae y se refugia en la pantalla de su móvil para mantener contacto con el resto del mundo, con la sociedad, para decir “Ey, querido Facebook y mis X número de amigos, sigo aquí, tomándome un café con Fulano y Mengana pasando un rato muy agradable, pero aún así al mismo tiempo estoy PERPETUAMENTE CONECTADO AL SISTEMA”. Y no podemos escapar. Ni queremos, en verdad. O bueno, suponiendo que quisiésemos, podríamos dejarlo si nos lo propusiésemos… O no. ¿Alguien dijo droga?

Y aun si lo intentamos, es tarea imposible, un absurdo. Resistirse es inútil. Es el “si no puedes con el enemigo, únete a él” llevado a la práctica, y al final caemos todos, más tarde o más temprano. Por la exclusión, por la soledad, por el miedo a ser diferentes, porque nos tachan y tildan, porque nos censuran, porque nos hacen dudar de nuestra propia valía, porque nos hacen daño, porque no nos vemos capaces de seguir adelante sin el reconocimiento y los “me gusta” de los demás. Porque mal que nos pese, seguimos necesitando a la gente, ansiando su contacto, dependiendo de la posibilidad de interactuar con cuantos nos rodean. Pero he aquí otro problema añadido: cada vez sabemos menos acerca de cómo se lidia en el día a día con nuestros semejantes. En el mundo real, quiero decir. En el cara a cara. He mantenido dilatadas conversaciones por chat con compañeros de clase de la universidad con quienes me he encontrado al día siguiente en un mismo pasillo… Y ninguno ha sido capaz de decir N-A-D-A. Es un hecho preocupante y terriblemente desadaptativo, evolutivamente hablando. Choque de miradas y si te he visto no me acuerdo. Es más, probablemente ni me acuerde de quién eres o de tu nombre. Ahora, si me preguntan por la información que hay en tu muro, con los datos que conozco de ti puedo hacer un ANOVA, toda una tesis doctoral y me sobra para un TFG…

 

 

Asi que bueno, ya sabéis (al menos en el plano social-global, el personal ya habrá oportunidad de abordarlo otro día) por qué fue incomprendido y no caribú (para los de la LOGSE: una forma culta y repipi de llamar a la subespecie americana del reno) la palabra que seleccioné para autodefinirme. Y como yo, no me cabe duda: decenas, centenares, millares, legiones de incomprendidos sociales ahí fuera que piensan igual que yo o de forma similar. Y eso, por poco que nos parezca, es un consuelo: una pequeña chispa de luz en mitad de un océano de oscuridad. Al menos digo yo que unidos, la soledad no nos pesará tanto.

 

No, si al final va a tener razón el Quiz que hice al mediodía en Facebook (ironías de la vida) y va a resultar que sería más feliz en la Florencia del Renacimiento que en estos tiempos locos de móviles inteligentes y de personas vacuas. 

 

Pero que mucho más feliz.

 

Y de propina, por leer tanta parrafada, un caribú:

caribu (1)