De por qué soy músico y amo en clave de Sol

Debería estar estudiando. Pero no me apetece. Acabo de comer, tengo el estómago lleno y cierta modorra y no es plan de ponerse a pelear con los apuntes. Podría ponerme a ver la tele, pero hace años que la caja tonta vomita demasiada mierda audiovisual y no me apetece mancharme los ojos ni los oídos. Oídos… Eso es. Buf, pero no puedo coger la travesera: es la hora de la siesta y haría demasiado ruido. Pienso en ponerme un rato con la batería, pero las casi 3 horas que he dormido hoy me han pasado factura y tengo las extremidades agarrotadas y las articulaciones hechas polvo. Por no hablar de mi cerebro, que piensa con más lag que Homer cuando Lenny le llama lento.

Así que sólo resta la guitarra.

 

No sé tocarla ni nunca he sabido. De hecho, a día de hoy, atribuyo a la magia negra el fenómeno físico de la producción de sonido en el caso de los instrumentos de cuerda. Este tipo de instrumentos y yo nunca nos hemos llevado especialmente bien. Pero sabes que es hora de dejarse llevar por la música y transmitir algún sentimiento.

Cuando he dicho que no sé tocar la guitarra, significa exactamente eso: no sé rasgar, ni los acordes, no sé qué indican esos puntos tan cuquis de los trastes, y llamadme minimalista, pero a mí con tocar en una cuerda me basta… Más que nada porque soy incapaz de combinar varias a la vez.

Me acerco a ella y la cojo con extremo cuidado. Casi parece que estoy acunando a un bebé más que agarrando un instrumento. Es raro por la falta de familiaridad que tengo con la guitarra, pero no resulta incómodo: todo lo contrario. 

 

Y sucede. 

 

Porque de acuerdo, no sé rasgar. Con suerte, si mi memoria no me falla, me sabré en total 3 acordes que ni uso. Ni pajolera idea de los puntitos ni de por qué TANTAS cuerdas… Pero de algún modo (y eso SÍ que es digno de hacerse llamar magia negra) sé exactamente dónde está cada nota e improvisar una melodía a medida que las encadeno. 

“Claro, es que cuentas los trastes y estableces una relación de tonos y semitonos que…”

No. No estoy contando nada. Y aunque así fuese, no podría hacer ese procesamiento tan rápido sin un previo entrenamiento. No, no tengo oído absoluto: no sé si cuando una copa se estrella contra el suelo en mil pedazos es un Si o es un La. Me encantaría, y a quién no, pero desafortunadamente no dispongo de ese don.

Pero cuando toco un instrumento, realmente siento que es casi como si se estuviese comunicando conmigo, guiando mis dedos, como si me dijese: “Esta es la nota que buscas”. Y no digo que no me equivoque nunca, que no patine, que no se me vaya la flapin (la olla, para los que no conozcáis a Loulogio) y meta una nota que no es… Pero suelo tener esa fiable intuición espontánea, ese yo-qué-sé-qué-se-yo que me hace sentir músico aunque ya no me acuerde de la mayor parte de la teoría que me enseñaron en el conservatorio años ha o de cómo se solfeaba un compás de 9/8.

No digo que sea mi súperpoder, ni nada por el estilo, porque músicos con oídos relativos y absolutos los hay a patadas. Pero para los que no sepáis el inmenso placer que proporciona poder tocar “”LO QUE QUIERAS””… Las comillas están por algo (y duplicadas, ojo), porque vale, no sé tocar rápido ni haceros un solo de la ostia, pero puedo improvisar y sacarme de oído casi cualquier cosa en el momento. Y es la jodida leche, no os mentiré. 

Para los que no me conocéis, ya habéis podido deducir por la tónica que impera en el blog que para mí la música es el súmmum de todo lo existente. Al escuchar o interpretar música conecto con algo que está más allá de la comprensión de cuanto conozco, y consigo experimentar sensaciones que en numerosas ocasiones han hecho palidecer a la mejor literatura, a una buena película o al frenesí de un apasionado orgasmo. 

Porque AMO la música. Porque VIVO la música. Porque cuando toco, me siento CREADOR. Y quizás lo mejor de todo es que crear música significa crear algo efímero, intangible, etéreo, inmaterial, que persigue fines eminentemente estéticos y expresivos. ¿Acaso puede existir algo que nos acerque más a la perfección que la música…? Supongo que antes de obtener una respuesta a esa pregunta aún me queda toda una vida por delante y una infinidad de notas y melodías por sentir… Aunque de momento sea usando sólo una de las seis cuerdas.

 

 

 

Anuncios

2 comentarios en “De por qué soy músico y amo en clave de Sol

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s