Minientrada

Blog nuevo, corte de pelo nuevo

“Lo siento en el agua…

Lo siento en la tierra…

“Lo huelo en el aire…”

Pues serás tú, Galadriel, bonita, porque lo que es yo, el calor del Verano lo siento especialmente en lo que viene siendo la cabeza. En el pelo, si nos ponemos tiquismiquis.

Por eso, y como habréis podido deducir por el título de la entrada, hoy me he cortado el pelo. Ya tocaba, las cosas como son, así que a eso del mediodía me he llegado a… a…  a una peluquería del barri… Qué coño: He ido a pelarme a… El Corte Inglés.Image

Vale, vale, vale. Antes de que empiece el sanguinario apedreamiento en homenaje a La vida de Brian dejad que me defienda. O que lo intente. O algo, yo qué sé.

Veamos: ¿Por dónde empezar…?

 

Ah, sí. No: no soy pijo.

 

Sí: me corto el pelo en El Corte Inglés.  

 

Sí: es caro. Lo admito.

 

Vale, quizás sí es para apedrearme pero…

 

Sí: cortan bien el pelo. YA ESTÁ, ESO ES LO IMPORTANTE.

Cuando se desea un bien o servicio, ¿Qué es lo que prima? Yo os lo diré: la calidad del mismo. Yo sé que cortan bien el pelo allí y que si voy probablemente saldré satisfecho, y es por ese trabajo bien realizado por lo que soy uno de los fieles clientes de su departamento de peluquería…

… De El Corte Inglés, sí. 

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Joder, que no es para tanto, exagerados. Os pondré un ejemplo:

Imaginad (y sólo imaginad) que mi organismo me envía impulsos eléctricos que responden a una demanda de uno de los principales reforzadores de la conducta del ser humano. Efectivamente: hablo del sexo. Poneos en mi lugar. No, en serio. ¿Qué haríais?

¿Ganar unos minutos de dudosa satisfacción física a cambio de una ETS del tamaño de Madagascar que se agazapa entre los muslos poblados de varices de una prostiputa de incierto origen que transita las calles de mi ciudad haciendo alarde de unas dotes de seducción de dudosa eficacia…? 

¿O por el contrario, acudir a un selecto y perfumado club para caballeros y gozar del trato del personal que hace posible que el negocio funcione (ojo, que allí trabajan directivos del más alto standing, que sólo nos fijamos en lo que nos interesa…) y cómo no, de los sensuales servicios de las taimadas señoritas del local de esparcimiento, entrenadas en 1001 formas de excitar los sentidos…?

¿Qué pasa? Que en este caso no hay color, ¿no? Pues yo sé que me tratan como a un Dios egipcio allí y que si voy seguramente saldré satisfecho, y es por ese trabajo bien realizado por lo que soy uno de los fieles clientes del departamento de putas de El Corte Inglés.

Pero para el post que nos ocupa, hablábamos del de peluquería, que ha hecho un trabajo encomiable. Mira si son majos que en cuanto la peluquera se ha percatado de lo mucho que me toca los cojones que me hablen mientras me cortan el pelo ha hecho cremallera. Un detalle por el que vale la pena pagar un plus, sí señor. Y que el argentino cabrón de mi barrio no conoce.

Y atención, porque he vuelto a tener uno de esos episodios de silenciosa agonía. Me vais a entender en seguida: ¿No os pasa que en determinado punto del corte teméis por el resultado? Es como que hacen algo con las tijeras, con la maquinilla, con las otras tijeras (ya sabéis que los peluqueros usan dos tipos de tijeras: las que cortan y las que hacen como que cortan pero no, y que, contra todo pronóstico, generan en la mente del cliente la expectativa ficticia de que los romos filos del artefacto generan un efecto tope cool en su cabello), con yo qué sé qué, que pone en peligro todo el proceso. Es un “pero si ibas bien, coño, ¿Qué has hecho desgraciado?” en toda regla. El miedo se adivina en tus ojos, la cara palidece, el corazón se olvida de bombear… Es espeluznante, la verdad, se pasa mal. Ves, eso no me ha pasado nunca en el departamento de putas…

Menos mal que la mujer se lo ha currado y me ha dejado muy perita al final. Así que no seáis así y daos un caprichito de tanto en tanto en cualquiera de los muchos y válidos departamentos de El Corte Inglés, coño. Os sorprenderíais.

Además, que se me olvidaba, la peluquera ha trabajado bajo una considerable presión extra, porque le he dicho que me tenía que dejar guapete para la semana que viene, que es la graduación de mi facultad y uno no puede ir hecho un adefesio. Y oye, ha hecho todo lo que estaba en sus manos (en su par de tijeras, vaya) para evitar que el viernes que viene sucediese esto:

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